A simple vista parecen inconexas. Una delegación industrial alemana sentada frente al gobernador y su ministro de Economía, una puesta inmersiva en el estadio Ruca Che para mostrar obras y una reunión de intendentes cordilleranos en Junín de los Andes discutiendo partidas. Vistas juntas, sin embargo, las tres escenas de esta semana dicen una sola cosa, y es la más importante que puede decir hoy una provincia petrolera: que lo que se está construyendo no es el pozo, sino todo lo que tiene que seguir funcionando cuando el pozo deje de ser noticia. Neuquén pasó siete días hablando de casi todo menos de Vaca Muerta, y conviene prestarle atención justamente por eso.
Empecemos por lo que se vio en el Ruca Che, porque es lo más tangible. Neuquén Vive presentó 45 obras nuevas por 685.800 millones de pesos y casi 130.000 metros cuadrados, ordenadas en siete líneas. Están los siete natatorios —uno olímpico en la capital y seis semiolímpicos en Andacollo, Rincón de los Sauces, Zapala, Plaza Huincul, Piedra del Águila y San Martín de los Andes—, los 34 kilómetros de paseos costeros repartidos en nueve localidades, y la red de 23 centros deportivos comunitarios, de los cuales diez ya están en construcción. Pero el dato que de verdad importa no es el monto: es el mapa. Villa Traful, Las Coloradas, Moquehue, Aluminé, Senillosa. Una provincia que recibe treinta mil habitantes nuevos por año puede caer con facilidad en la tentación de concentrarlo todo en la Confluencia. La decisión de distribuir la obra por el territorio es, además de justa, la única manera de que el crecimiento no termine ahogando a la ciudad capital.
El resto de ese paquete merece una lectura económica y no social, porque ahí está la apuesta real. La renovación integral del complejo termal de Copahue, que pasa de 4.000 a 8.000 metros cuadrados con circuito termal y hotel; los tres centros de convenciones en Chos Malal, Villa Pehuenia y San Martín de los Andes; el nuevo Museo Paleontológico Ernesto Bachmann en Villa El Chocón, con sala inmersiva y parque lineal sobre el Ramos Mexía; y, sobre todo, el Hub de Transporte de la capital, que proyecta saltar de 5.000 a 50.000 metros cuadrados con cuatro puertas de embarque nuevas, terminales ferroviaria y de ómnibus, hotel y centro comercial. Nada de eso es gasto social: es infraestructura productiva para una industria —el turismo— que la provincia identificó como el eje para diversificar la matriz. Y es, encima, la clase de obra que no se amortiza en un mandato. “No estamos pensando en la próxima elección, estamos pensando en las próximas generaciones de neuquinos”, dijo Figueroa esa noche. La frase sería retórica si no estuviera respaldada por la lista.
La escena alemana aporta la pieza que falta, y es la más fina de las tres. A la Cámara de Industria y Comercio Argentino-Alemana no vino una delegación de curiosos: fueron veintisiete, de pymes familiares a grandes compañías, y el interés que declararon está en materias primas, energía, petróleo y gas. Lo que Neuquén puso sobre la mesa fue una propuesta de sociedad: que las empresas que lleguen busquen un socio local, que la cadena de valor energética incorpore proveedores neuquinos, que la puerta de entrada al mercado argentino sea una firma de acá. Esa distinción —entre un enclave que extrae y una economía que se integra— es la que define si un boom deja industria o deja un cráter. Uno de los visitantes lo formuló mejor que cualquier folleto oficial: Neuquén “se ha transformado en el centro de la transformación energética y tecnológica de Argentina”. A eso se le sumó lo que los inversores siempre miran antes que la alícuota —seguridad jurídica, estabilidad política, paz social— y una agenda que excede largamente al gas: renovables, vitivinicultura, producción primaria, investigación médica, educación.
La tercera escena, en Junín de los Andes, es la menos vistosa y quizás la más significativa. Figueroa está recorriendo las siete regiones de la provincia para consensuar obras prioritarias, y en la Región de Los Lagos el listado llegó a 93 intervenciones incorporadas al proyecto de Presupuesto 2027: pavimentación de las rutas 48, 60, 61, 62, 63 y 65, la terminal de ómnibus y el centro de convenciones de San Martín, el hospital de Villa La Angostura, escuelas, centros de salud y viviendas en Junín, Traful y Pilo Lil. El presupuesto todavía es un proyecto de ley y habrá que verlo aprobado, pero el método ya es una noticia en sí mismo. Lo dijo el anfitrión, Luis Madueño: es la primera vez que los intendentes son parte de la elaboración del presupuesto provincial. Carlos Saloniti calificó la convocatoria de “hecho inédito y excepcional” y anunció la licitación de la terminal para esta semana; Andrés Infante, desde Pilo Lil, resumió el saldo de los últimos tres años con una comparación difícil de discutir en una comisión de fomento. Un presupuesto discutido con quien después tiene que rendir cuentas ante el vecino suele ejecutarse mejor que uno dibujado en una oficina de la capital.
Puestas en fila, las tres escenas son la misma política. Neuquén se queda con apenas 13 de cada 100 pesos que genera un barril y tiene la obligación de volcar ese dinero a infraestructura, mientras lo que viaja a la Nación y al resto de las provincias es renta de libre disponibilidad. Esa aritmética, que suele presentarse como una desventaja, es en realidad una disciplina: obliga a transformar renta agotable en capital instalado. Natatorios, rutas, termas, hub logístico, proveedores locales metidos en la cadena energética y un presupuesto escrito con los intendentes son, todos, formas distintas del mismo movimiento. La roca sigue estando a tres mil metros de profundidad y seguirá estando cuando ya no rinda. Lo que se está decidiendo ahora es qué queda arriba.











