Neuquén atraviesa un escenario sin precedentes en materia de violencia de género: 50 mujeres están bajo código A, es decir, en riesgo alto y permanente de femicidio. La cifra, inédita para la ciudad, obligó a intensificar el trabajo territorial, la articulación institucional y la asistencia directa. Así lo confirmó la subsecretaria de las Mujeres del municipio, Alejandra Oehrens, quien aseguró que este es “el año más complejo desde la creación del área”.
El aumento se suma a otro indicador crítico: más de 800 intervenciones en lo que va de 2025, frente a las 600 registradas en el mismo período del año pasado. Según Oehrens, esta aceleración muestra una realidad cada vez más grave que el Estado municipal afronta con recursos propios para prevenir nuevas muertes.
La Subsecretaría de las Mujeres, creada hace seis años en la gestión de Mariano Gaido, trabaja bajo un modelo integral: patrocinio jurídico gratuito, acompañamiento psicológico, intervención en la ruta crítica, equipos territoriales y un observatorio propio. Todas las acciones se centralizan en Aliwenko, la Casa de las Mujeres, en Alta Barda, donde se reciben las urgencias y se activan los protocolos con hospitales, centros de salud, comisarías, fiscalías y otras áreas.
“Cuidamos 50 vidas mañana, tarde y noche para que no las maten. Cada una vive en riesgo permanente”, señaló Oehrens en Bajá La Data. El número triplica a los 16 casos que había a esta altura del año pasado.
Para Oehrens, el sostenimiento del área no depende solo del presupuesto, sino de una decisión política sostenida. “El Estado debe garantizar el derecho a la vida. Ese compromiso es lo que mantiene en pie este proyecto”, afirmó.
El modelo neuquino articula con el Ministerio de Salud, la Policía y el Ministerio Público Fiscal, con el que firmaron un convenio para agilizar el acceso a la fiscalía de género. Pero la brecha con el sistema penal persiste.
“No se puede esperar un año para que un juez ordene sacar de la casa a un agresor con más de 20 denuncias”, advirtió. Durante ese tiempo, muchas mujeres circulan por la ciudad con sus hijos en pleno riesgo. “El Estado hace un esfuerzo enorme para que esa mujer no se suicide, porque ese riesgo también está. Pero la respuesta penal no llega a tiempo”, agregó.
En seis años, el área acumuló 54 mil intervenciones, un volumen que revela tanto la gravedad del problema como la falta de acompañamiento de otras instituciones.
Quiénes son las mujeres en riesgo extremo
El Observatorio detectó un patrón que se repite en los 50 casos: todas las mujeres tienen hijos o hijas a cargo, sin importar el nivel socioeconómico. “Tenemos víctimas de clase media alta, de sectores populares, profesionales, parejas de jueces, abogados, periodistas. Hay de todo. Lo único común es que están a cargo de sus niños y niñas”, indicó Oehrens.
Los focos críticos se concentran en Alta Barda, Mercantiles, Copol y 14 de Octubre, todos barrios de clase media o media alta. En Valentina Sur, la violencia se cruza con narcomenudeo; y en Valentina Norte Rural y Cuenca XV se registran numerosos abusos sexuales, incluso de niñas de 12 o 13 años que hoy son madres.
En un comienzo, los agresores más frecuentes eran trabajadores petroleros. Ese perfil se mantiene, pero hoy también aparecen empleados estatales, policías y empresarios. Al mismo tiempo, cada vez más mujeres con estabilidad económica se animan a pedir ayuda.
Autonomía económica: la clave para sobrevivir
La subsecretaría fortaleció el programa “Las Mujeres Hacemos”, una ordenanza municipal que brinda capacitación, herramientas e insumos para que cada mujer desarrolle un oficio desde su casa. Esto es vital en los casos con código A, donde las víctimas no pueden circular ni trabajar fuera del hogar.
Hoy hay mujeres convertidas en gasistas matriculadas, electricistas, torneras, modistas, peluqueras y manicuras. Varias conformaron un salón colectivo en el oeste, donde se turnan para trabajar y cuidar a los hijos de todas. “Es una red de sostén entre ellas mismas, una forma de salir adelante con dignidad”, señaló Oehrens.
Un presente urgente y un futuro en tensión
Para la funcionaria, los números no alcanzan para dimensionar el problema. “No estamos hablando de estadísticas: estamos hablando de vidas”, dijo. El incremento de casos en riesgo extremo exige reforzar la articulación institucional y revisar de manera urgente el funcionamiento del sistema penal.
“Tenemos 50 mujeres que pueden ser asesinadas si el Estado no actúa rápido y de forma coordinada. No hay margen para las demoras”, concluyó.
Quienes necesiten ayuda pueden dirigirse a Aliwenko, Casa de las Mujeres, en El Ceibo 426, barrio Alta Barda.
Fuente: Medios




