La Neuquinidad, la hormiga y la cigarra

La discusión por el presupuesto 2026, la apuesta de Figueroa al desarrollo y las nuevas demandas sociales.

Mariano Gaido ya cuenta con su presupuesto 2026 aprobado por el concejo deliberante. El próximo miércoles Figueroa obtendrá lo propio en la legislatura. Ambos parten de los cálculos optimistas que los libertarios dejaron plasmados en el proyecto de presupuesto nacional. Inflación anual del 10 por ciento y un tipo de cambio estable que rondaría algo más de mil cuatrocientos pesos por unidad. El único valor calculado con algo de realismo y prudencia es el precio internacional del barril que se ubicaría en cincuenta y cinco dólares según la imaginación oficial. Nada nuevo. Todos y cada uno de los gobiernos nacionales eligen calcular a la baja las principales variables económicas. Se trata de una especie de pifia consciente que permite, durante el ejercicio, encontrarse con recaudación por encima de la ponderada y fondos no asignados para disfrutar de una relativa discrecionalidad. En el caso libertario, además, sirve para dar consistencia al ajuste de las erogaciones públicas. Desde su asunción y hasta la fecha, los presupuestos prorrogados por la oposición permitieron que el ajuste luzca casi natural y hasta de responsabilidad compartida con el kirchnerismo.

La provincia de Neuquén cuenta con una variable sui géneris. Los ingresos estimados por cápita duplican la media nacional. Un dato que podría despertar la envidia de todo gobernador, incluidos los de provincias tan pujantes como Córdoba y Santa Fe. El aumento en la producción de gas y petróleo es considerado un hecho por los especialistas de la industria. En la próxima década, calculan alcanzar una producción diaria de un millón de barriles. De combinarse con buenos precios internacionales las posibilidades de desarrollo de la provincia parecen no tener techo. El desafío es importante. “Los mayores errores se cometen en la abundancia” y el futuro mediato dependerá de los criterios de gasto e inversión. La asignación de recursos, por definición producto de la puja política, determinará si Neuquén se diversifica y despega o vuelve a su error acostumbrado. Para quienes recuerden la clásica fábula, se trata de decidir entre la previsión de la hormiga y el hedonismo de la cigarra.

Ministro Guillermo Koenig expone el presupuesto en la legislatura.

El rumbo de la Neuquinidad tal vez sugiera la primera apuesta al largo plazo de la que tengamos memoria. Con fuerte impronta en la obra pública, la revalorización de inversiones en el interior profundo y la reducción paulatina pero constante del gasto corriente, Figueroa se muestra consciente de lo efímera que puede resultar la última oportunidad. La ventana temporal del shale se calcula en unos treinta años y depende de variables exógenas. La pregunta se impone ¿Es políticamente sostenible apostar al largo plazo? La respuesta de los últimos gobiernos ha sido no. De allí que los periodos de bonanza en la provincia se diluyeran en aumento del gasto, clientelismo, empleo público y toda forma imaginable de financiar con regalías y deuda “los resultados de la próxima elección”.

También sindicatos y buena parte del ecosistema empresario se adecuó sin mostrar incomodidad a la misma lógica. Pero los últimos resultados electorales sugieren que una porción cada vez más importante de la ciudadanía está dispuesta a ponderar positivamente la austeridad y la inteligencia en la administración del Estado. Con sus diferencias, el respaldo en las urnas a La Libertad Avanza y La Neuquinidad atestiguan la fuerza de esa nueva demanda: el recurso público es público. Una tautología cuya validez lógica estuvo lejos de ser obvia durante las últimas décadas. Los grupos de interés se encargaron con pericia, de privatizar “las cajas del Estado” en favor de la voracidad extractivista, de la comodidad de los agentes estatales y de financiar las maquinarias electorales del partido de gobierno. La previsibilidad y el desarrollo de largo plazo brillaron por su ausencia, mientras la vocación inclusiva hacia el conjunto perdió ante los narcisismos sectoriales.

La legislatura discutirá el presupuesto esta semana.

Así las cosas, el presupuesto provincial enviado por Figueroa a la legislatura, denota intenciones ambiciosas más allá de los menesteres administrativos. Explora la posibilidad de cambiar una cultura política provincial antigua y rústica para aggiornar los usos y costumbres del poder a las nuevas demandas ciudadanas. La provincia de Neuquén está llamada a ser moderna, pujante y democrática. Un desafío que enfrenta a las enquistadas estructuras y busca respaldo en la credibilidad que el gobierno construya ante la opinión pública. La capacidad de ejecución del gobierno es la clave del resultado. Demostrar que la inversión en el sistema público de salud, en la construcción de escuelas, los créditos para emprender o la conectividad terrestre de los pueblos olvidados valen la pena, es la única manera de sellar la alianza con esa población que quiere dejar atrás la estancia para vivir en la provincia. Los números en el proyecto de presupuesto dejan clara la oportunidad, tal vez la última, para elegir entre el destino de la hormiga y el invierno de la cigarra.

Publicidad

Últimas noticias