La cuenca del río Negro atraviesa una de las crisis hídricas más profundas de su historia reciente. En apenas 20 años, el caudal disponible se redujo un 43%, un dato que encendió todas las alertas en el sector productivo, ambiental y político de la región. La disminución sostenida del agua amenaza no solo al riego agrícola, sino también al abastecimiento urbano y al equilibrio ambiental del valle.
El fenómeno responde a múltiples factores: el cambio climático, la baja de precipitaciones en la cordillera, la reducción del caudal de los ríos Limay y Neuquén y un sistema de uso del agua que quedó desactualizado frente al nuevo escenario climático. El resultado es una cuenca cada vez más estresada, con menor disponibilidad para sostener la producción frutícola, ganadera y el consumo humano.

Especialistas advierten que el modelo actual de riego, basado en canales abiertos con altos niveles de pérdida por infiltración y evaporación, ya no es viable. En algunas zonas, se estima que más del 50% del agua se pierde antes de llegar a los cultivos. Este escenario pone en riesgo la continuidad de miles de hectáreas productivas y el empleo asociado a la actividad agrícola.
La situación es especialmente crítica en el Alto Valle, donde el agua es la columna vertebral del desarrollo económico. Sin una transformación profunda en la gestión del recurso, el sistema podría entrar en una fase de colapso estructural.

La experiencia israelí como alternativa
Ante este panorama, comenzó a ganar fuerza la posibilidad de aplicar soluciones inspiradas en el modelo israelí de manejo del agua, reconocido a nivel mundial por su eficiencia en contextos de escasez extrema.
Entre las herramientas que se analizan se destacan el riego presurizado, la tecnificación integral de los sistemas, el uso de sensores, la reutilización de agua y una gestión centralizada y inteligente del recurso.
Israel logró transformar un territorio mayormente desértico en una potencia agrícola mediante innovación, planificación y una fuerte inversión en tecnología. Adaptar ese modelo al valle rionegrino permitiría reducir drásticamente las pérdidas y optimizar cada metro cúbico disponible.

Un debate urgente
La crisis del río Negro ya no es una advertencia a futuro, sino una realidad concreta. Productores, técnicos y autoridades coinciden en que el tiempo de las soluciones parciales se agotó. El desafío ahora es avanzar hacia un cambio estructural en la gestión del agua, con inversiones, consensos políticos y una mirada de largo plazo.
De no hacerlo, la pérdida del 43% del caudal podría ser solo el comienzo de un proceso aún más grave, con consecuencias sociales, económicas y ambientales difíciles de revertir.
Fuente: Medios.




