Los balnearios de la ciudad de Neuquén y de localidades cercanas registraron 35 rescates en los últimos días, según informó Ariel Tarifeño, secretario general del Sindicato de Guardavidas, en diálogo con medios locales. El dirigente destacó que la labor de los guardavidas se centra principalmente en la prevención, a través del contacto permanente con los bañistas y la información sobre el estado de los ríos.
Uno de los principales riesgos señalados es la variación del caudal del río Limay, que depende de la demanda de generación eléctrica en otras provincias. “El caudal pasó de 350 a 410 metros cúbicos por segundo, lo que implica más profundidad y mayor correntada”, explicó Tarifeño. Este fenómeno modifica la fisonomía del río y aumenta los peligros, especialmente en sectores bajos.
Las altas temperaturas provocaron una masiva concurrencia de personas a los balnearios, lo que dificulta la comunicación directa de los guardavidas con todos los bañistas. En ese contexto, y pese a las advertencias previas, en algunos casos los rescates se vuelven inevitables.
Cómo se organiza el servicio de guardavidas
Tarifeño aclaró que esta temporada no hubo un refuerzo formal del plantel de guardavidas. Lo que sí se incorporó fue la presencia de aspirantes de dos escuelas de formación, que realizan prácticas supervisadas en los ríos. “Son más ojos mirando el río, pero siempre acompañados por guardavidas titulados”, señaló.
Actualmente, el servicio se distribuye de la siguiente manera:
- 163 guardavidas en Neuquén capital, la misma cantidad que la temporada anterior
- 7 en Centenario
- 18 en Plottier, única localidad donde se duplicó el personal
- 20 en San Martín de los Andes
- 20 en Villa La Angostura
A este número se suman los guardavidas que trabajan en piletas y clubes.
La mayoría de las personas asistidas tiene entre 12 y 18 años. Según Tarifeño, se trata de un grupo que suele desoír las indicaciones por exceso de confianza o por presión del grupo. También se registran situaciones de riesgo en adultos, especialmente cuando hay consumo de alcohol, lo que dificulta que comprendan o respeten las advertencias sobre el peligro del río.
Uno de los puntos más riesgosos es la zona del balneario Gustavo Fahler, en la confluencia de brazos del río en el límite entre Neuquén y Río Negro. Allí se forman remolinos con profundidades de hasta cinco o seis metros.
“El remolino puede chupar a la persona hacia el fondo y arrastrarla varios metros antes de liberarla”, explicó Tarifeño, lo que representa un alto riesgo para nadadores inexpertos y remeros.
Otra conducta frecuente es el intento de cruce del río a pie o nadando, especialmente en sectores como Isla Verde e Isla 132. Aunque el cruce de ida pueda parecer posible, el regreso suele ser mucho más peligroso por el cansancio y el cambio en la correntada.
Además, se detectaron situaciones con personas que ingresan al río en botes sin chaleco salvavidas y sin consultar previamente a los guardavidas sobre las zonas habilitadas.
Más allá de los rescates acuáticos, los guardavidas también intervienen en casos de golpes de calor, caídas de ciclistas y situaciones que requieren primeros auxilios dentro de los balnearios.
“El trabajo no es solo mirar el río, también cuidamos a la gente que está alrededor”, concluyó Tarifeño, al remarcar la importancia de la prevención y la atención integral, especialmente en niños expuestos al sol.
Fuente: Medios




