El buen momento de Javier Milei se consolida como una constante inevitable para interpretar el devenir de la política argentina. En pocos meses, el presidente libertario revirtió una situación por demás incómoda, obtuvo un contundente triunfo electoral en -casi- todo el país, alcanzó oxígeno legislativo y se encontró con un giro a la derecha en países como Chile, Bolivia y Ecuador. Durante la última semana, el primer mandatario argentino celebró la inflación anual más baja desde 20217 (31,5%), firmó en Paraguay el acuerdo comercial “más importante de la historia” entre el Mercosur y la Unión Europea, y se dio el gusto de cantar junto al “Chaqueño” Palavecino en el histórico escenario Cordobés de Jesús María. El resto, lo aporta una oposición extraviada en críticas y expresiones de deseo que no alcanza a renovar dirigentes, teorías ni prácticas concretas. Así las cosas, la pregunta que desvela a los gobiernos provinciales pasa por evaluar la mejor manera de contener el avance libertario camino al 2027.
Buena parte de los gobernadores, huérfanos de proyectos nacionales alternativos y agobiados por rojos financieros que restan peso relativo a su poder de negociación, limitan su relación con la casa rosada a exigir, muy entre comillas, el reconocimiento de algunas transferencias adeudadas, nuevos parámetros en la coparticipación federal de impuestos y el cobro efectivo por obras públicas abandonadas. La contraparte, el respaldo en el congreso pretendido por los operadores políticos libertarios, no hace más que alimentar una espiral difícil de romper para los mandatarios provinciales: desahogo financiero por poder político.
La convocatoria a sesiones extraordinarias para tratar la reforma laboral encaja en esta línea. De alcanzar el número de voluntades necesarias en el senado y la cámara baja, Javier Milei volverá a celebrar y a lucir el fuste político con el cual, tal vez, intente arrebatar las administraciones provinciales a los propios gobernadores que lo alimentan. ¿Cómo romper la inercia? Una pregunta de difícil respuesta a la cual los dirigentes provinciales deberán encontrar respuesta durante 2026.
El reflejo estratégico más cercano a lo obvio está en “adelantar” las elecciones y construir un escenario que aleje las discusiones provinciales del clima electoral nacional. “La gente sabe diferenciar cuando vota a un intendente, un gobernador o un presidente”. Una tesis extendida entre quienes intentan solucionar la aporía. Aunque el razonamiento parece cierto, la intención de separar los comicios confiesa algunas dudas. Lo cierto es que el año 2027 nacerá de la mano de una cascada de elecciones provinciales que pondrá a prueba la efectividad de disociar la concurrencia a las urnas.
La segunda especulación, no excluyente con la primera, se trata de alcanzar tan amenas relaciones con el gobierno central que desaliente la intención libertaria de avanzar sobre las provincias. Un acto de Fe. Quienes conocen la vocación de poder que se respira en la casa rosada, aseguran que los acuerdos electorales implícitos con extraños están fuera de toda posibilidad.
Un intento distitno, el contraste y la confrontación. La construcción de una alternativa nacional que intente albergar a los mandatarios provinciales es una opción latente. Quienes auguran un futuro inmediato complejo para la gestión nacional, trabajan para el reemplazo de un modelo que llegaría en retirada a las próximas elecciones. Una apuesta sin demasiados indicadores presentes, aunque atendible. El éxito macroeconómico y las reformas legislativas previstas por el gobierno central se encuentran todavía muy lejos de traducirse en dinamismo para la economía real de amplios sectores de la población. Si las especulaciones sobre “el derrumbe” son ciertas, enfrentar a Milei podría ser una opción, claro, previo abandono de las añoranzas de retorno a un pasado que no existe.
Entre otras, algunas de estas líneas de razonamiento están presentes en las “mesas chicas” de las fuerzas políticas provinciales. Cada cual a su manera y cada uno desde sus apremios concretos, los gobernadores delinean la mejor manera de defender sus fronteras del avance libertario. Un clima de época novedoso y difícil de desentrañar que obliga a reescribir manuales.




