En el contexto del Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer, profesionales de la salud encendieron una señal de alerta sobre una problemática frecuente pero muchas veces subestimada: el impacto del estado nutricional en pacientes oncológicos, una condición que puede influir directamente en la evolución de la enfermedad.
Los especialistas remarcan que el cuidado nutricional no debería iniciarse recién tras el diagnóstico, sino que forma parte de la prevención primaria, mediante la adopción de hábitos saludables y una alimentación balanceada, fundamentales para reducir riesgos y complicaciones en la salud.
Sin embargo, una vez confirmada la enfermedad, el control del estado nutricional debe incorporarse desde las primeras etapas del tratamiento y no limitarse únicamente a fases avanzadas o cuidados paliativos.
Diversos estudios señalan que los pacientes que comienzan la terapia con una nutrición adecuada presentan mayores probabilidades de sobrevida. A pesar de ello, cerca del 50% llega a la primera consulta con déficits nutricionales, mientras que entre 4 y 8 de cada 10 pacientes desarrollan algún grado de malnutrición durante el tratamiento.
“El estado nutricional es un determinante clave para atravesar el tratamiento oncológico, pero en ocasiones queda en segundo plano y pasa inadvertido, con consecuencias concretas sobre la salud de los pacientes”, explicó Agustina Senese, licenciada en Nutrición y jefa de Cuidados Paliativos del Hospital ‘Dr. Cosme Argerich’.
Además, aproximadamente uno de cada cinco pacientes presenta malnutrición severa, una condición asociada a un mayor riesgo de complicaciones, menor tolerancia a los tratamientos, internaciones más prolongadas y una reducción de la sobrevida global.
“Cuando el estado nutricional se deteriora, el impacto se refleja rápidamente en la respuesta clínica y en la capacidad del paciente para sostener el tratamiento”, señaló el Dr. Martín Ángel, médico oncólogo e integrante del Departamento de Oncología Clínica del Instituto Alexander Fleming.

Uno de los principales motivos de la caída en la ingesta alimentaria está relacionado con los efectos adversos provocados tanto por la enfermedad como por las terapias oncológicas. Tratamientos como la quimioterapia, y también otras terapias más modernas, pueden generar náuseas, vómitos, diarrea, lesiones en la cavidad bucal, alteraciones del gusto y del olfato, además de provocar sensación de saciedad temprana.
Como consecuencia, alimentos que anteriormente resultaban agradables pueden volverse desagradables, generando un rechazo que afecta la alimentación cotidiana.
“En la práctica clínica vemos pacientes que no sienten hambre, a quienes las comidas les caen mal o les producen cierto grado de rechazo, y esa situación sostenida en el tiempo termina restringiendo la ingesta e impactando en la salud general del paciente”, explicó el Dr. Ángel.
La reducción progresiva del consumo de alimentos no solo compromete la eficacia del tratamiento oncológico, sino que también favorece la pérdida de peso y masa muscular, generando un cuadro conocido como síndrome de fragilidad. Este deterioro físico reduce la energía, limita la movilidad y afecta la autonomía del paciente.
“Cuando el paciente pierde fuerza, actividades cotidianas como caminar, levantarse o mantenerse activo se vuelven más difíciles, lo que incrementa el riesgo de caídas y de complicaciones asociadas, inclusive en términos de salud mental, porque pueden acentuarse cuadros de ansiedad y/o depresión”, detalló la Lic. Senese.
La nutrición dentro del tratamiento integral
Frente a este panorama, los especialistas remarcan la necesidad de incorporar la nutrición como parte del abordaje integral del cáncer, incluyendo la participación de profesionales especializados dentro del equipo médico.
La evaluación nutricional desde el momento del diagnóstico, junto con el seguimiento permanente durante todo el proceso terapéutico, permite detectar de forma temprana el riesgo nutricional y ajustar la alimentación según cada etapa de la enfermedad, evitando un deterioro significativo.
Cuando la alimentación habitual no logra cubrir las necesidades del organismo, los médicos pueden indicar suplementos nutricionales específicos como parte del tratamiento.
“Estos son alimentos con propósitos médicos; son preparaciones líquidas o en polvo que aportan energía, proteínas, vitaminas y minerales cuando la incorporación de nutrientes a través de la alimentación habitual es insuficiente”, explicó la Lic. Senese. Según detalló, su función es preservar la masa muscular, mantener la fuerza física y acompañar al paciente durante todo el proceso terapéutico.
La evidencia científica indica que un abordaje nutricional temprano y multidisciplinario permite mejorar los resultados clínicos, reducir complicaciones y favorecer la calidad de vida de los pacientes. “Tratar el cáncer implica acompañar a la persona en todas sus dimensiones, y la nutrición ocupa un lugar central en ese cuidado”, concluyó el oncólogo.
Fuente: Medios




