Desde Choele Choel al mundo: la historia de “Trapo”, la marca que resignifica lo cotidiano

Mariano Contreras transformó un objeto cotidiano en piezas de diseño que hoy desfilan en escenarios internacionales y conquistan clientes en Palermo y el exterior.

Hay objetos que parecen tener un destino fijo. El repasador es uno de ellos: cocina, vapor, rutina. Pero para Mariano Contreras ese textil doméstico podía convertirse en otra cosa. Donde muchos ven un trapo, él vio una prenda. Donde otros imaginan limpieza, él proyectó pasarela. Así nació “Trapo, el medio de la moda”.

La historia comenzó hace veinte años. En plena crisis de 2001, un joven de Choele Choel viajaba por el norte argentino después de trabajar en Buenos Aires. En un pequeño pueblo de Salta vio a una mujer hilar lana en el río: con la ayuda de la corriente formaba el ovillo que luego transformaría en trapos para limpiar.

“Con eso yo haría alta costura”, pensó entonces. La escena quedó guardada. Dos décadas después, esa imagen se transformó en proyecto.

Contreras, que durante años trabajó en el mundo del cine y produjo la película Plan B, volvió a su ciudad natal decidido a aprender corte y confección. Se formó con Ángela, la costurera histórica del pueblo, referente de generaciones. “Yo tenía la idea, pero necesitaba la técnica”, resume. También estaba la herencia familiar: su abuela Irene cosía, y esa memoria textil parecía latente.

La propuesta fue tan simple como disruptiva: hacer ropa con trapos de piso, rejillas y repasadores. Compró diez repasadores clásicos, de rayas francesas, y confeccionó una chomba. La publicó en redes sociales. La respuesta fue inmediata. “Empezaron a pedirme. Uno me encargó treinta de un día para otro. Ahí entendí que había algo más”, recuerda.

De la cocina a las semanas de la moda

La primera prenda fue apenas el comienzo. Luego llegaron pantalones, sacos, monos y hasta vestidos de novia. La viralización lo llevó a medios nacionales y a una invitación inesperada: presentar una colección en Salerno, en el marco de actividades vinculadas a la Milano Fashion Week.

“Fui con lo que tenía. Hice diez pasadas y recibí una mención a la creatividad”, cuenta. Después vendrían desfiles en Kazajistán —donde vendió un conjunto apenas terminó la presentación— y Uruguay, donde diseñó piezas exclusivas para referentes culturales e incluso preparó un traje para el actor Willem Dafoe.

El diferencial no es solo el material, sino su carga simbólica. Todo el mundo reconoce un repasador. Es algo cotidiano transformado en lujo.

En su local de Palermo, ambientado como una cocina conceptual, predominan los clientes extranjeros en busca de piezas únicas. Las chombas se producen en serie limitada, pero los sacos y trajes son irrepetibles. Diseño, ironía y exclusividad conviven en cada prenda.

El subtítulo del proyecto “el medio de la moda” remite a su pasado cinematográfico y a aquellas alfombras rojas donde improvisaban estilismos sin presupuesto. “Éramos el miedo de la moda”, dice entre risas. Ese juego continúa: el próximo e-commerce enviará las prendas en cajas de pizza. “Abrís la caja y en vez de muzzarella hay una remera. Es parte de la experiencia”.

Crecer sin perder el sentido

Aunque la demanda aumenta, Contreras mantiene una premisa clara: no quiere que el proyecto pierda su esencia. “No lo hice por plata. Lo hice por amor”, afirma.

En Choele Choel, lo que comenzó como una idea excéntrica hoy es motivo de orgullo. Desde la Patagonia hasta Italia, desde la cocina hasta la pasarela, “Trapo” demuestra que la moda puede nacer de lo mínimo. Y que, a veces, el verdadero lujo está en mirar distinto aquello que siempre estuvo ahí.

Fuente: Medios.

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