Neuquén International. Entre oportunidades y cautela

Figueroa en Argentina Week, Tanya en Washington y la inauguración del Instituto Vaca Muerta. Señales del potencial neuquino que hay que administrar con optimismo y algo de prudencia.

La agenda neuquina mostró actividad internacional y medidas locales que buscan traducir recursos en desarrollo. La ecuación no es automática: hay avances concretos y también desafíos por resolver. “Creemos en una Argentina productiva” dijo Rolando Figueroa en Nueva York y relativizó el mito de la solución única: “Vaca Muerta es una condición necesaria, pero no suficiente”. En Washington, la ministra Tanya Bertoldi presentó ante el Banco Mundial el plan de infraestructura. En la ciudad, Mariano Gaido inaugura este lunes el Instituto Vaca Muerta, un ámbito que busca preparar a futuros trabajadores del sector. Son piezas complementarias que, bien articuladas, pueden rendir beneficios reales para todos.

Existen tres frentes que conforman la clave. La internacionalización del proyecto energético, con presencia en foros donde se nuclearon inversores, gobiernos provinciales y empresas. La mejora en la estructuración de proyectos de infraestructura con asesoramiento técnico y estándares internacionales, una tarea que la ministra Bertoldi promovió con interlocutores del Banco Mundial. Y la apuesta a la formación local a través del Instituto Vaca Muerta, que busca que los puestos que genere la industria sean ocupados por neuquinos y neuquinas mediante capacitación práctica, articulación pública-privada y conexión con universidades.

Estos elementos no son menores. Si las proyecciones de la industria requieren alrededor de 17.000 trabajadores hacia 2030, anticiparse con formación técnica (simuladores, prácticas en campo, convenios con empresas) es una decisión sensata. También es relevante que se busque articular infraestructura y educación través del Polo Científico Tecnológico para que la expansión productiva tenga soporte logístico y social.

Conviene mantener expectativas realistas. Los anuncios desde el exterior ayudan a posicionar la oferta neuquina, aunque la concreción de proyectos depende de varios factores: condiciones macroeconómicas, estabilidad contractual, financiamiento y coordinación entre los distintos niveles del Estado. En ese marco, las gestiones con organismos internacionales y la búsqueda de estándares técnicos son herramientas útiles para reducir riesgos y mejorar proyectos que los hagan tangibles.

Otro punto a considerar es la sustentabilidad social y ambiental. El propio Figueroa lo subrayó: “No se puede llevar adelante ningún proyecto económico sin sustentabilidad social”. Esa idea debe traducirse en controles ambientales operativos, participación ciudadana y acuerdos laborales que aseguren empleo de calidad y condiciones de trabajo dignas. La formación técnica del Instituto es un paso en esa dirección, pero resulta imprescindible que las prácticas empresariales incorporen esos estándares de manera concreta.

Desde el plano político, los esfuerzos provinciales se ven favorecidos cuando existen señales de previsibilidad a nivel nacional. Las tensiones públicas entre el Poder Ejecutivo y algunos grupos empresariales observadas en Argentina Week generan ruido y puede afectar la percepción de riesgo de inversores y alimenta la prudencia. Es cierto, la diversidad de interlocutores (gobiernos provinciales, organismos multilaterales, empresas y sindicatos) y el énfasis técnico en proyectos específicos ayudan a contrapesar ese ruido.

Con todo, la monetización del subsuelo no debe ser el único horizonte. Neuquén tiene la oportunidad de convertir el impulso energético en encadenamientos productivos, desarrollo tecnológico y empleo local de calidad. La apuesta por “el Polo”, la vinculación con universidades y la aparición de startups tecnológicas son señales de que se busca ir más allá del extractivismo puro. Si esas iniciativas se consolidan, la provincia puede lograr más valor agregado y mayor resiliencia ante los súbitos cambios en los ciclos internacionales.

La provincia está haciendo movimientos coherentes. La diplomacia económica, el desarrollo de infraestructura y la apuesta a la educación, pueden rendir frutos si se cuidan la previsibilidad, la gobernanza y la sustentabilidad. No hay certezas absolutas, pero tampoco todo es promesa vacía: con gestión prudente y coordinación entre los actores, Neuquén tiene herramientas para que el crecimiento energético se traduzca en oportunidades reales para su gente. Un poco de optimismo.

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