Un lunes cualquiera, hace solo un par de años atrás, las familias neuquinas convivían con incertidumbres que parecían naturales. Había que re-organizar la dinámica familiar ante la ausencia de clases por conflictos salariales nunca resueltos. Hoy no solo el ciclo lectivo funciona con calendario completo, Neuquén cuenta con un sistema de becas inédito en Latinoamérica. Las escuelas tráiler en las zonas más postergadas pasaron a ser un dato del pasado y la inversión en la construcción y mantenimiento de edificios escolares es indisimulable incluso para los más encendidos discursos opositores. La inversión, solo en 2025 superó los doscientos mil millones de pesos.
Un día corriente, quien necesitaba utilizar el sistema público de salud, debía armarse de paciencia para sumarse a las interminables filas en la vereda de los hospitales y sanatorios, los turnos nunca alcanzaban y requerir atención médica parecía un castigo. El desarrollo de nuevas aplicaciones, y el reordenamiento de los tiempos de atención alivianaron la carga de los pacientes. Los profesionales de la salud “pasaron de dar tres turnos por día a veinte”. Sólo hizo falta algo de rigor y gestión.
La obra pública merece un capítulo aparte. Desde diciembre de 2023 a la fecha, se pavimentaron o están en proceso 796 kilómetros de ruta. Durante las últimas dos décadas el mismo indicador arroja solo 274 kilómetros iniciados. Un contraste evidente que devuelve como resultado no solo mayor seguridad para los viajantes, también expectativas de desarrollo territorial equilibrado en una provincia con macrocefalia, mejora los costos de logística para toda la cadena productiva y potencia la actividad turística incluso, en zonas aletargadas por la falta de inversión como el norte neuquino.
A la conectividad se suma el desarrollo de obras de agua y gas en localidades que se habían a costumbrado que esos servicios eran un imposible. Pueblos como Guañacos, Los Miches y Las Ovejas, accedieron a servicios esenciales. La inversión en gas, agua y saneamiento supera, sin incluir el ejecutado 2026, los treinta y siete mil millones de pesos en toda la provincia.
La enumeración abreviada y no exhaustiva de la gestión de gobierno, ayuda a brindar nitidez al cambio de rumbo que atraviesa la provincia. Claro, el quid de la cuestión incluye no solo la voluntad política, sino también, y producto de ella, una administración sana y, sobre todo, transparente. Es sabido entre los colaboradores del gobernador Figueroa y puertas adentro del empresariado neuquino, que la cultura de la coima no encaja con la actual gestión provincial. “Al que mete la mano en la lata no solo lo echo, también lo voy a llevar a la justicia”. La frase, inusual en la política neuquina, pertenece al Rolando Figueroa y fue dirigida a su gabinete en pleno. La fiesta de corrupción que había caracterizado a las últimas administraciones provinciales es parte del pasado.
La nueva máxima derrama, no solo en una administración infinitamente más eficiente, es también un cambio de hábitos para un empresariado mal acostumbrado a ganar licitaciones vía contraprestación y a asegurarse pingües beneficios a través de la sobrefacturación. El resultado es obvio: aumenta la competencia, los neuquinos pagan menos por cada política pública, y los gastos en el “zanganaje” que había privatizado el recurso público a través de la corrupción representan un ahorro importante.
No solo la ilegalidad formaba parte de la esencia de las administraciones provinciales. También las malas costumbres. El clientelismo político, la resolución de conflictos a costa y cargo del bolsillo de los neuquinos, el empleo público como forma de pagar acuerdos políticos y el incremento desmedido de los pasivos públicos para financiar coyunturas, estaban entre las costumbres comúnmente aceptadas.
La merma del gasto corriente y de la planta política, la reducción de la deuda y la nueva orientación del recurso público hacia activos tangibles, son solo algunos de los indicadores que permiten un presupuesto equilibrado y destinado a concreciones.
Mantener vigente la reflexión sobre los cambios que se producen en la provincia, ayuda a evitar que la costumbre invisibilice un cambio de época sin precedentes. Neuquén está llamada a ser trascendente, no solo para los neuquinos, también para el país. Es parte del desafío anotar cuidadosamente aquello que mejora para valorar el presente y mantener viva la memoria sobre ese pasado reciente que dejó como herencia todo tipo de retrasos.




