En la previa de Semana Santa, el precio del pescado vuelve a registrar fuertes aumentos en todo el país, con subas que, según un informe reciente, no se explican por el valor en origen sino por la cadena de comercialización.
Un relevamiento de la Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera (FULASP), realizado entre el 10 y el 28 de marzo en 364 comercios, detectó importantes diferencias entre el precio en puerto y el que paga el consumidor final. El estudio abarcó supermercados, autoservicios y pescaderías de distintas regiones.

De acuerdo al informe, el kilo de merluza fresca cuesta alrededor de $1.700 en puerto, pero asciende a unos $5.000 en el circuito mayorista y alcanza en promedio los $14.000 en góndola. Esto implica que el precio puede multiplicarse hasta ocho veces a lo largo de la cadena comercial.
La investigación señala que esta relación —1 a 3 entre puerto y mayorista, y 1 a 8 entre puerto y consumidor— representa la mayor distorsión registrada en la última década. Además, advierte que el aumento en origen explica solo una pequeña parte del valor final.

En ese sentido, la suba se debe principalmente a la intermediación desde la entidad y atribuyen a prácticas especulativas dentro del circuito comercial.
El fenómeno no se limita a la merluza. Otras especies también muestran incrementos significativos en los últimos años. El salmón rosado pasó de $14.000 en 2023 a $55.000 en 2026, mientras que las rabas de calamar subieron de $5.000 a $30.000 en el mismo período.

Con este escenario, el consumo de pescado en Semana Santa vuelve a estar condicionado por los precios, en un contexto de aumentos sostenidos que impactan directamente en el bolsillo de los consumidores.
Fuente: Medios




