Lo que parecía una mañana habitual en Radio Nacional Bariloche terminó convirtiéndose en un momento inolvidable. La cantante Soledad Pastorutti llegó sin previo aviso a la ciudad y sorprendió a trabajadores y oyentes en plena transmisión.
La visita formó parte de su proyecto “30 años, 30 pueblos”, una gira especial con la que celebra sus tres décadas de carrera recorriendo el país de manera íntima y sin anuncios, con el objetivo de reconectar con la música desde sus raíces.
Minutos antes del tradicional segmento de mensajes al poblador rural, la artista apareció en los estudios de la radio pública y transformó por completo la rutina del programa.

Con naturalidad, no solo dialogó al aire sino que también participó de la lectura de mensajes, una práctica profundamente arraigada en la Patagonia. Durante su paso, recordó su vínculo con la región y dejó un gesto cargado de simbolismo: un fragmento del poncho que utilizó en el histórico Festival de Cosquín de 1996.
Una gira sin anuncios por la Patagonia
La visita a Bariloche se enmarca en un recorrido más amplio por el sur del país. La propuesta de Pastorutti apunta a generar encuentros espontáneos con comunidades y artistas locales, lejos de los escenarios tradicionales.
En la región, su paso incluyó localidades como El Maitén, donde visitó el histórico tren La Trochita, además de Esquel y el Parque Nacional Los Alerces.
En cada destino, la lógica fue la misma: llegar sin previo aviso, escuchar y dejarse atravesar por las historias locales.

Uno de los momentos más significativos en Bariloche fue el encuentro con el músico Edgardo Lanfré. Lo que comenzó como una entrevista terminó en una charla profunda sobre la música regional y su identidad.
“Se mostró sorprendida por la riqueza de nuestra música”, contó el artista, quien destacó el valor de este tipo de iniciativas en tiempos dominados por lo digital.
Lanfré también puso el foco en la identidad local: “Bariloche no es solo turismo; tiene una fuerte raíz rural y una conexión directa con los parajes que la rodean”.

El paso de Soledad por la Patagonia dejó algo más que una anécdota: fue una experiencia que puso en valor la cultura popular, el territorio y los vínculos humanos.
Lejos de los grandes escenarios, la artista eligió un camino distinto: recorrer, escuchar y reconectar, en una búsqueda que, como definieron quienes la acompañaron, se siente como un verdadero regreso a la esencia.

Fuente: Medios.




