El hecho ocurrió la madrugada del 1 de junio de 2025, en una vivienda del barrio 114 Viviendas. Ramírez, de 30 años, compartía una reunión con amigos cuando, sin mediar discusión ni pelea, fue atacado con un cuchillo. La puñalada, directa al corazón, le provocó la muerte en el acto.
Según la acusación, el ataque fue sorpresivo y sin posibilidad de defensa. Incluso, de acuerdo con el relato de su familia, el propio Ramírez había intentado calmar una situación de tensión minutos antes. “No fue una pelea, fue un asesinato a traición”, sostienen.
La fiscal de Zapala, Laura Pizzipaulo, encuadró el hecho como homicidio agravado por alevosía, al considerar que el agresor actuó de manera deliberada, esperando el momento oportuno y ocultando el arma. Tras el ataque, Cides se entregó en la comisaría local.
El impacto en la familia y la comunidad
La muerte de Ramírez dejó una profunda marca en su entorno. Tenía una hija de 12 años y era reconocido por su carácter solidario y su vínculo cercano con amigos y vecinos. Su familia debió atravesar el duelo mientras se interiorizaba en el funcionamiento del sistema judicial para impulsar la querella.

En paralelo, la comunidad de Loncopué y localidades cercanas acompañó con movilizaciones, caravanas y campañas para reclamar justicia. Se realizaron múltiples marchas y se reunieron más de mil firmas para que el caso fuera considerado como homicidio agravado.
El proceso judicial y las expectativas
El juicio por jurados se desarrollará los días 28, 29 y 30 de abril de 2026 en Zapala. Doce ciudadanos serán los encargados de determinar la culpabilidad del acusado. En caso de un veredicto condenatorio, el juez deberá aplicar la pena correspondiente.
Durante la investigación, Cides llegó a transitar la prisión domiciliaria, una medida que generó preocupación en la comunidad, especialmente por la cercanía con la frontera y el riesgo de fuga.
La familia de la víctima mantiene una postura firme: reclama la pena máxima. “No fue un impulso ni una pelea. Hubo intención, espera y ataque por la espalda. Eso es alevosía”, remarcan.
Un juicio que excede el caso
Más allá de la sentencia, el proceso es visto por la familia como un mensaje social. Buscan que el fallo refleje la gravedad del hecho y siente un precedente frente a este tipo de violencia.
“Ninguna condena va a devolver a Franco, pero sí puede marcar que su vida valía”, sostienen. El juicio, aseguran, también es una forma de reparación para su hija, su familia y una comunidad que se movilizó desde el primer día.

Fuente: Medios




