La marcada bajante del río Limay y del lago Mari Menuco encendió la preocupación en Neuquén, pero desde el Ente Provincial de Agua y Saneamiento (EPAS) llevaron tranquilidad al asegurar que el suministro de agua potable está garantizado para la población, aunque reconocieron que la provincia atraviesa una emergencia hídrica.
El gerente general del Servicio Neuquén del organismo, Esteban Rodríguez, confirmó que la situación fue declarada hace meses y que actualmente se vuelve visible en los principales espejos de agua que abastecen a la región. “Estamos en emergencia hídrica, y ahora se hace notorio cuando uno se acerca al río o al lago”, explicó en diálogo con LU5.
Según precisó, el sistema de provisión de agua potable de la ciudad depende principalmente de dos fuentes: el río Limay y el lago Mari Menuco. Según detalló Rodríguez, entre el 20% y el 25% del suministro proviene del Limay, mientras que cerca del 80% se origina en el sistema Mari Menuco, donde se encuentra la principal planta potabilizadora.
Desde allí, además, se deriva parte del caudal hacia la localidad de Centenario. La planta produce entre 8.000 y 9.000 metros cúbicos por hora, de los cuales unos 500 son enviados a esa ciudad, mientras que el resto abastece a Neuquén capital.
Trabajos contrarreloj en el río Limay
Ante la acentuada disminución del caudal en el río Limay durante los últimos días, el EPAS aceleró una serie de trabajos técnicos para sostener el sistema de captación. Uno de los principales fue la instalación de un equipo en el denominado “pozo 4” del sistema Río Grande, ubicado en la zona de la calle Olascoaga.
Esta intervención permitió reforzar la recarga del pozo filtrante, clave para que las bombas puedan extraer agua que luego es enviada a las plantas de tratamiento y distribuida a la red. “Tuvimos que sumar un refuerzo extra para sostener el funcionamiento ante la bajante”, explicó el funcionario.
En paralelo, también se intensificaron las tareas en el sistema del lago Mari Menuco, donde se realiza la mayor captación de agua. Aunque la infraestructura está preparada para soportar bajantes importantes, el problema principal radica en la sedimentación del canal de aducción.
Debido al oleaje y al bajo nivel del agua, se acumulan sedimentos que pueden obstruir la entrada de agua hacia la planta. Por este motivo, el organismo adelantó los trabajos de limpieza, que habitualmente se realizan una o dos veces al año.
La intervención implica una inversión de unos 50 millones de pesos y tiene un plazo estimado de diez días. Actualmente, los trabajos presentan un avance del 30% y, según indicaron, ya se observan mejoras en la circulación del agua.
Un escenario similar al de 2022
Desde el EPAS señalaron que la magnitud de la bajante es comparable a la registrada en 2022, uno de los años más críticos en términos hídricos recientes. En algunas zonas del lago, la retracción del agua dejó al descubierto amplias superficies, generando el impacto visual que advirtieron los vecinos.
Sin embargo, remarcaron que la toma de agua está diseñada para operar incluso en escenarios extremos. “Tendría que darse una bajante extraordinaria para que haya problemas en la captación”, aseguró Rodríguez.
A pesar del contexto de sequía y de la reducción de los caudales, desde el organismo insistieron en que no hay inconvenientes en la producción ni en la distribución de agua potable. El sistema continúa funcionando con normalidad y cubre la demanda de más de 400.000 personas.
Además, aclararon que el EPAS no interviene en el uso de agua para actividades como el fracking, ya que su competencia está centrada exclusivamente en el abastecimiento para consumo humano.
El momento más crítico y lo que viene
En cuanto a las proyecciones, el funcionario indicó que se mantiene un monitoreo permanente junto a la Autoridad Interjurisdiccional de Cuencas (AIC), encargada de regular los caudales. Según las estimaciones actuales, el nivel de los ríos se encuentra en su punto mínimo esperado.
“Este sería el momento más crítico. No debería haber niveles más bajos que los actuales”, afirmó. En ese sentido, se prevé una recuperación progresiva en las próximas semanas, aunque dependerá de factores climáticos como las lluvias y las nevadas en la cordillera.
El organismo continuará con tareas de mantenimiento y prevención para evitar complicaciones, en un escenario que, si bien genera preocupación, por ahora no compromete el acceso al agua potable en Neuquén.
Fuente Medios




