Mientras en buena parte de la Argentina el sueño de la casa propia vuelve a alejarse por la fuerte caída del crédito hipotecario, Neuquén decidió avanzar en sentido contrario. En un contexto nacional marcado por la desaceleración de los préstamos UVA, la provincia sorprendió con el lanzamiento de una línea de créditos no bancarios financiada íntegramente con recursos propios, una decisión que no sólo rompe con la lógica dominante, sino que ratifica un modelo de gestión orientado a mejorar de manera concreta la calidad de vida de los neuquinos.
Los números del escenario nacional reflejan con crudeza esa retracción. Durante abril se desembolsaron apenas 122 millones de dólares en créditos hipotecarios en todo el país, muy lejos de los 280 millones registrados en igual mes del año pasado y muy por debajo de los niveles que supo alcanzar el sistema en sus momentos de mayor expansión. La desaceleración no es coyuntural: especialistas del sector inmobiliario advierten que se trata de un freno sostenido que comenzó meses atrás y que hoy vuelve a sembrar incertidumbre sobre la posibilidad de consolidar un mercado hipotecario estable en la Argentina.
Frente a ese panorama, Neuquén eligió intervenir con decisión. A través del programa Neuquén Habita, el gobierno provincial lanzó 4.000 nuevos créditos destinados a la construcción, ampliación y refacción de viviendas, con financiamiento netamente provincial y por fuera del sistema bancario tradicional. La medida apunta justamente a un sector que muchas veces queda atrapado en una zona gris: familias con capacidad de pago, pero sin acceso al crédito formal por tasas elevadas o requisitos imposibles de cumplir.
La iniciativa contempla préstamos de hasta 150 millones de pesos para construir viviendas nuevas y de hasta 75 millones para ampliaciones o remodelaciones. Pero el alcance del programa excede largamente una línea de financiamiento. Forma parte de una política integral que incluye inversiones en construcción de viviendas, urbanización, lotes con servicios, regularización dominial y entrega de escrituras, consolidando un esquema habitacional que busca dar respuestas en distintos niveles y para distintos sectores de la población.
Ese horizonte es posible porque Neuquén viene administrando estratégicamente los recursos extraordinarios que genera el desarrollo de Vaca Muerta. Lejos de entender ese crecimiento energético como un fenómeno aislado o una mera oportunidad económica, el gobierno de Rolando Figueroa lo convirtió en una plataforma de desarrollo industrial y en una herramienta concreta de redistribución. La riqueza que produce el subsuelo se traduce en infraestructura, inversión social y mejores condiciones de vida para miles de familias.
La definición del propio gobernador sintetiza ese rumbo: cada decisión que se toma hoy debe impactar en el mañana y traducirse en bienestar para la población. Bajo esa premisa, la provincia construye un círculo virtuoso en el que el crecimiento económico financia políticas públicas de alto impacto social. No se trata sólo de producir más, sino de lograr que ese progreso llegue a la vida cotidiana de la gente.
En tiempos donde la Argentina observa cómo se enfrían los créditos, se paralizan proyectos y vuelve a postergarse el acceso a la vivienda, Neuquén exhibe un camino distinto: usar su fortaleza económica para ampliar derechos, dinamizar la construcción y multiplicar oportunidades. Allí donde el mercado se retrae, el Estado provincial aparece para empujar. Y esa diferencia empieza a marcar, cada vez con más claridad, los logros del modelo neuquino.




