A los 71 años, una neuquina cumplió su sueño y alcanzó la cumbre del volcán Lanín: la inspiradora historia

Amalia Figueroa logró llegar a los 3.776 metros del Lanín junto a dos compañeras de montaña. Dos años atrás había tenido que abandonar a solo 200 metros de la cima. La historia de esfuerzo, entrenamiento y pasión por la montaña.

“¡Llegamos, lo logramos!”, exclamó entre lágrimas Amalia Figueroa, una neuquina de 71 años, al alcanzar la cumbre del volcán Lanín el último domingo. La emoción fue compartida con sus compañeras de travesía, Cristina Ganem y Natalia Artezana, con quienes se fundió en un abrazo tras cumplir un objetivo que había quedado pendiente.

Dos años antes, Amalia estuvo muy cerca de lograrlo: a apenas 200 metros de la cima decidió regresar por falta de tiempo y porque su hija sufrió vértigo durante el ascenso. Aun así, el sueño no se apagó. Cuando se lo confió a su amiga Cristina, nadadora de aguas abiertas de 60 años, ambas comenzaron a planificar una nueva oportunidad. A ellas se sumó Natalia, experimentada montañista que ya había alcanzado la cumbre del Lanín en unas 30 ocasiones.

La estrategia fue iniciar la caminata de noche para evitar el calor y el viento, y llegar antes del mediodía a la cima. Con linternas y sin ver con claridad el camino, avanzaron hasta que amaneció, cuando ya estaban a unos 300 metros del objetivo. “Miré hacia atrás y no podía creer todo lo que habíamos hecho. Me sentía muy bien física y mentalmente”, recordó.

El tramo más exigente fue una pared de piedras que debieron subir apoyándose en manos y pies. “Parecíamos cabras”, contó Amalia, quien evitaba mirar hacia adelante para no pensar en lo que faltaba. Las palabras de aliento de Natalia fueron clave para seguir.

La relación de Amalia con el deporte comenzó a los 47 años, motivada por un problema de sobrepeso vinculado a un cuadro depresivo. Un diagnóstico médico fue determinante: debía bajar de peso o enfrentaría serias complicaciones en las rodillas. Así empezó en el gimnasio y luego a correr. En su primera carrera de seis kilómetros ganó su categoría, y desde entonces no paró. Bajó de 80 a 62 kilos y se volcó al trail y la montaña.

En la cumbre permanecieron menos de media hora. El viento era intenso y el descenso debía hacerse con cuidado por el cansancio y las piedras sueltas. En medio del agotamiento, Amalia sorprendió a sus compañeras con una frase que desató risas: “Ahora me gustaría hacer el Domuyo”. Incluso propuso volver al Lanín, pero con nieve.

Tras pernoctar en el refugio, retomaron la bajada el lunes temprano. “Me dolían los dedos del pie, pero bajamos rápido. Me recupero bastante bien”, relató. En la base, una guardaparque le pidió una foto, sorprendida por su edad.

Amalia entrena en la barda cercana a su casa, en el barrio Villa Ceferino, subiéndola y bajándola varias veces al día para fortalecer las piernas. Complementa con pesas, ejercicios para la espalda y una alimentación rica en carbohidratos y frutas. Es empleada doméstica y trabaja en cinco casas, una de ellas la de Cristina, con quien mantiene un vínculo de más de 20 años.

Amalia tiene tres hijos, que acompañan y apoyan cada desafío. “Solo me piden que me cuide”, contó. Al comunicarle a su hermana que había logrado la cumbre, la respuesta fue simple y cómplice: “Te saliste con la tuya”.

Fuente: Medios

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