La ratificación del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea abrió una nueva etapa comercial que puede traer efectos concretos sobre las economías de Río Negro y Neuquén, dos provincias atravesadas por actividades estratégicas como los hidrocarburos, la fruticultura, la ganadería y, en menor medida, la industria vinculada al mercado interno.
Si finalmente la Unión Europea activa desde el 1 de mayo la aplicación provisoria del capítulo comercial, como anticipó la Comisión Europea, se pondrá en marcha una baja de aranceles que beneficiará en forma inmediata a distintos complejos exportadores. En la Patagonia norte, eso podría traducirse en mejores condiciones para colocar productos regionales en Europa, aunque también abriría un frente de competencia para sectores industriales y productivos que hoy operan con menor escala y altos costos logísticos.
En Río Negro, uno de los principales beneficios potenciales aparece en las economías regionales exportadoras, sobre todo en frutas, pesca y alimentos con perfil exportador.
La reducción o eliminación de aranceles en la Unión Europea puede mejorar la competitividad de la producción regional, especialmente para sectores que ya tienen experiencia en mercados externos y capacidad de adaptación sanitaria. Para una provincia que necesita recuperar dinamismo exportador, el acuerdo puede convertirse en una oportunidad para ampliar mercados, sumar divisas y atraer inversiones en cadenas agroalimentarias.
Otro punto favorable para Río Negro es el posible impulso indirecto sobre la infraestructura logística y portuaria. Si el comercio exterior crece, también puede fortalecerse el papel de los puertos patagónicos y de los corredores de salida hacia mercados internacionales, algo clave para una provincia que busca posicionarse como plataforma de exportación de alimentos, energía y eventualmente minerales.
Sin embargo, también aparecen riesgos. Las exigencias ambientales, sanitarias y de trazabilidad impuestas por la Unión Europea podrían transformarse en una barrera difícil de cumplir para productores medianos o pequeños que no cuentan con financiamiento, escala o asistencia técnica. En ese escenario, el acuerdo podría beneficiar más a los actores exportadores consolidados que al conjunto del entramado productivo. Además, la apertura gradual del Mercosur a bienes industriales europeos podría afectar a empresas regionales que compiten con maquinaria, insumos o manufacturas importadas de mayor productividad.
En el caso de Neuquén, el foco principal está puesto en Vaca Muerta. Europa necesita asegurar provisión de energía y recursos para su transición energética, y el Gobierno nacional ya incluye a los hidrocarburos entre los sectores con mayor potencial de expansión exportadora a partir del acuerdo.
Para Neuquén, esto podría traducirse en más inversiones, mejores condiciones para integrarse a cadenas energéticas globales y un fortalecimiento de la producción de petróleo y gas orientada a mercados internacionales.
La provincia también podría verse favorecida si el acuerdo mejora el clima de negocios y da mayor previsibilidad para proyectos de largo plazo. En un contexto donde Vaca Muerta necesita ampliar infraestructura, transporte y capacidad de exportación, cualquier mejora en reglas comerciales e incentivos a la inversión puede funcionar como un respaldo adicional para el desarrollo del sector.
Pero el escenario no es completamente favorable. Una mayor apertura comercial también puede profundizar desequilibrios ya existentes en la estructura económica neuquina. Mientras el sector energético tiene escala, capital y demanda internacional, otras actividades locales podrían quedar más expuestas. La industria proveedora, algunas pymes manufactureras y segmentos del mercado interno podrían enfrentar una competencia más dura frente a productos europeos que ingresen con menores aranceles en los próximos años.
A eso se suma otro factor: el acuerdo no garantiza por sí solo un salto exportador. Para que Río Negro y Neuquén aprovechen realmente esta nueva etapa, necesitarán infraestructura, financiamiento, logística eficiente y políticas de acompañamiento. Sin esas condiciones, el beneficio puede concentrarse en pocos sectores dinámicos —como energía, grandes alimentos o exportadores ya consolidados— mientras una parte importante de la economía regional queda rezagada.
En síntesis, el acuerdo Mercosur-UE abre una ventana de oportunidad para Río Negro, por su perfil agroexportador y logístico, y para Neuquén, por el peso estratégico de Vaca Muerta y la demanda europea de energía. Pero al mismo tiempo plantea desafíos para la competitividad regional, obliga a elevar estándares productivos y expone a sectores más frágiles a una competencia externa creciente.
El impacto final, más que en los papeles del tratado, se jugará en la capacidad de ambas provincias para convertir esa apertura en inversiones, empleo y valor agregado local, sin quedar reducidas a exportar materia prima mientras aumenta la presión sobre su producción industrial.




