Un comportamiento que se repite cada verano volvió a encender alarmas en Neuquén: grupos de niños y adolescentes se arrojan desde el puente de calle Río Negro al río Limay, en un sector donde la profundidad no supera los 60 centímetros. La maniobra, además de ser ilegal, es considerada de altísimo riesgo y ya motivó intervenciones de guardavidas y de la Policía.
Según informó Francisco Baggio, subsecretario de Medio Ambiente y Protección Ciudadana, los episodios se registraron nuevamente durante el último fin de semana largo, cuando el calor llevó a miles de vecinos a los balnearios. “Son chicos muy chicos, de entre 10 y 15 años, que van solos al río y no cuentan con la supervisión de sus padres. Nadie se hace responsable de ellos ni de sus actos”, advirtió.
El funcionario explicó que, además de la escasa profundidad, la situación se agrava porque los jóvenes saltan mientras debajo circulan nadadores o personas en kayak. “No respetan las indicaciones de los guardavidas ni de la Policía”, sostuvo.
Guardavidas del sector aseguraron que ya tuvieron que intervenir en varias oportunidades para advertirles del peligro, aunque sin resultados. El municipio adelantó que reforzará los controles y señaló que considera a los adultos responsables de estas conductas temerarias.
Baggio remarcó que la problemática se repite año tras año, pese a las campañas de prevención y a la presencia permanente de personal de control en los balnearios habilitados. “No sabemos de qué manera hablarles para que entiendan el riesgo”, expresó.
Las autoridades recordaron que los balnearios cuentan con sectores seguros para el baño, señalización y guardavidas, y que los menores no deben ingresar solos al río. Mientras se espera un verano con temperaturas elevadas, insistieron en que la supervisión familiar es clave para evitar accidentes graves.
En paralelo, desde el balneario Gustavo Fahler señalaron que la conducta también se repite en el puente del ex río Grande, en el acceso a la Isla 132. Allí, la falta de conocimiento sobre lo que hay bajo el agua —ramas, piedras u otros elementos— vuelve aún más riesgoso cada salto, y el fondo resulta totalmente impredecible.
Guardavidas y personal municipal coinciden: sin acompañamiento adulto, la diversión puede convertirse en tragedia en cuestión de segundos.
Fuente: Medios




