Cuando asumió, en diciembre de 2023, Rolando Figueroa recibió una provincia con un marcado retraso en infraestructura, una estructura estatal sobredimensionada y un pesado pasivo financiero que condicionaba cualquier horizonte de crecimiento. Lo describió con crudeza este viernes: “Asumimos con muchísimos problemas, con un retraso de infraestructura muy importante en la provincia, con una deuda pública muy importante”. No fue una frase hecha. Los números respaldan ese diagnóstico: el stock de deuda pública ascendía entonces a unos 1.267 millones de dólares, un volumen que hipotecaba capacidad de maniobra.
Sin embargo, en apenas dos años de gestión, ese cuadro se ha revertido con una velocidad tan inusual como contundente. Este mes, la administración provincial logró llegar al 43% de cancelación de la deuda heredada, reduciendo el stock vigente a unos 717 millones de dólares. Además, este mismo mes terminó de cancelar la totalidad de las Letras del Tesoro emitidas por gobiernos anteriores para financiar gastos corrientes, un pasivo de 307 millones de dólares que había sido tomado a tasas elevadas sólo para sostener funcionamiento estatal y pagar salarios. Es decir: deuda cara, improductiva y utilizada para tapar agujeros de una administración desprolija que, bajo la conducción de Omar Gutiérrez, normalizó el endeudamiento como herramienta de supervivencia.
Había que solucionarlo, pero obsesionarse con el equilibrio fiscal a costa del deterioro social como hace el actual gobierno nacional no era opción en Neuquén. Rolando Figueroa, economista al igual que su antecesor, eligió un camino mucho más complejo y, a la vez, moralmente más sólido: ordenar las cuentas públicas sin paralizar la provincia. Achicó deuda, sí, pero al mismo tiempo construyó escuelas, avanzó con hospitales, pavimentó rutas estratégicas, fortaleció la seguridad con nuevos móviles y equipamiento, activó planes de vivienda y abrió líneas de crédito directo para emprendedores, jóvenes y comerciantes. Eliminó privilegios, no derechos.
Esa estrategia que ahora ubica a Neuquén como la provincia que mejores indicadores económicos tiene (en cuanto a generación de empleo privado, venta de productos en supermercados, patentamiento de vehículos, etc.) comenzó desde el primer día. La reducción de la planta política, la eliminación de gastos innecesarios del Estado, la erradicación de jubilaciones de privilegio, la cancelación de alquileres abusivos de camionetas oficiales, la revisión de contratos de obra sobrefacturados y la implementación de tolerancia cero con los ñoquis -incluidos casos escandalosos de personas que residían en Chile y seguían cobrando un sueldo provincial- marcaron un punto de inflexión. No fue maquillaje administrativo: fue cirugía estructural sobre un Estado que durante años había perdido eficiencia, transparencia y sentido de responsabilidad sobre los recursos públicos.
Lo más destacable es que esta transformación ocurrió en un contexto nacional decididamente adverso. Neuquén acumula siete meses consecutivos de caída en la coparticipación federal, producto de la menor recaudación tributaria en todo el país. Según explicó el ministro de Economía, Guillermo Koenig, la merma (para la provincia) fue del 8,1% en enero, 7,4% en febrero y 5,6% en marzo. Mientras en otras provincias el ajuste se traduce en parálisis, atraso o endeudamiento, Neuquén sostuvo inversión pública, saneó sus pasivos y profundizó políticas de desarrollo. Eso no ocurre por casualidad: ocurre cuando existe planificación seria y una administración que entiende que cada peso debe tener destino útil.
La fortaleza neuquina, además, está en haber sabido convertir sus recursos propios en una palanca de crecimiento real. Mientras el país observa señales alarmantes como el cierre de Fate o la quiebra de SanCor, la provincia se mueve en sentido contrario. La expansión de Vaca Muerta, acompañada por una distribución inteligente de los dividendos provenientes del petróleo y el gas, permitió financiar desarrollo genuino en lugar de alimentar estructuras improductivas. Esa es la diferencia entre gastar renta y administrarla con visión estratégica.
Neuquén exhibe hoy un presente que en otro contexto podría parecer milagroso, pero no hay milagros en economía pública: hay método, hay estrategia y hay decisión política. Desde 2010 la provincia no registraba un stock de deuda de este nivel, y ese logro llegó sin resignar obra pública, sin frenar inversión y sin abandonar la asistencia al entramado productivo y social. Allí radica el verdadero mérito de esta etapa: demostrar que sí se puede sanear el Estado, honrar compromisos y al mismo tiempo impulsar desarrollo. No con consignas vacías, sino con eficiencia, transparencia y una administración que volvió a poner el interés general por encima de los privilegios de unos pocos.




