La muerte de una mujer y su hijo de siete años en un hotel del barrio porteño de Recoleta generó conmoción y abrió una investigación judicial para determinar qué ocurrió en las horas previas al hallazgo. Ambos fueron encontrados sin vida en el baño de la habitación que ocupaban, luego de que el personal del establecimiento alertara a la Policía ante la falta de respuesta y el incumplimiento del horario de check-out.
Las víctimas fueron identificadas como Gisela Mercedes De Yurka, de 41 años, y su hijo Gabriel Saru Ovejero, de 7. Eran oriundos de González Catán, partido de La Matanza, y el caso impactó especialmente en la comunidad educativa de la zona, donde la mujer se desempeñaba como docente.

Gisela había trabajado en distintas instituciones educativas, entre ellas la Asociación Civil Hogares del Espíritu Santo, el Colegio San Mauricio y el Instituto Nuestra Señora del Hogar. Vivía con su hijo en el barrio Independencia y solía compartir en redes sociales imágenes junto al niño, acompañadas de mensajes afectuosos. En una de sus publicaciones lo definía como “mi vida, mi todo”.
La preocupación comenzó el jueves por la tarde, cuando familiares y allegados advirtieron que madre e hijo no habían regresado a su domicilio. A partir de ese momento, difundieron imágenes y mensajes en redes sociales para intentar dar con su paradero. “Los buscamos. Faltan de su domicilio desde el 15/01/26 por la tarde”, decía uno de los posteos que circuló durante varias horas. Incluso, una compañera de trabajo de Gisela pidió ayuda pública al señalar que se trataba de su alumna y colega.

Sin que nadie lo supiera, Gisela y Gabriel se habían registrado en el hotel Ker, ubicado sobre la calle Marcelo T. de Alvear al 1300, con la intención de pasar una sola noche. Este viernes, al no concretarse el check-out ni responder a los llamados desde recepción, el gerente dio aviso a la Policía de la Ciudad. Al ingresar a la habitación, el personal encontró a ambos sin vida dentro de la bañera.

En el baño, los investigadores hallaron un bisturí colocado en una jabonera y dos jeringas de insulina. Según trascendió, no se detectaron signos de violencia en la habitación ni indicios de desorden o ingreso forzado.
Por el momento, la Justicia analiza la hipótesis de un homicidio seguido de suicidio, aunque no se descartan otras líneas investigativas. En el lugar trabajó personal de la Unidad Criminalística y la causa quedó en manos de la Fiscalía Criminal Correccional N°59, a cargo de la fiscal Laura Belloqui y la secretaria Alejandra López San Miguel, bajo la carátula de averiguación de causales de muerte.
Fuente: Medios




