Crisis humanitaria en Irán: Denuncian que la cifra de muertos por la represión asciende a 2.000

El mandatario estadounidense, Donald Trump, intervino instando al pueblo iraní a recuperar el control del país. En su mensaje, pidió documentar los nombres de 'asesinos y abusadores' y aseguró que el régimen enfrentará graves consecuencias por la represión.

Irán se hunde en una de las crisis más violentas de las últimas décadas. La represión de las protestas desatadas por el colapso económico dejó un saldo que escala de forma alarmante: según un funcionario iraní citado por Reuters bajo condición de anonimato, la cifra de muertos ya asciende a 2000 personas. El número, imposible de verificar de manera independiente por el apagón informativo impuesto por el régimen, expone la magnitud del estallido social y la dureza con la que el poder busca sofocarlo.

Las autoridades de Teherán atribuyen las muertes a la acción de supuestos “terroristas” que —según el relato oficial— atacan tanto a manifestantes como a las fuerzas de seguridad. En las calles de Teherán, sin embargo, el panorama que describen los testigos es desolador: un despliegue masivo de policía antimotines, equipada con cascos, armaduras, porras, escudos, escopetas y lanzadores de gas lacrimógeno, vigila las principales intersecciones junto a la fuerza Basij, un cuerpo de voluntarios de la Guardia Revolucionaria. A ellos se suman agentes de civil que ejecutan detenciones al azar entre los transeúntes.

En medio de la escalada, el presidente Donald Trump lanzó una nueva amenaza. En una publicación en Truth Social, instó a los “patriotas iraníes” a seguir protestando y tomar el control de sus instituciones, pidió que se registren los nombres de “los asesinos y abusadores” y advirtió que “pagarán un alto precio”.

Trump anunció además que canceló todas las reuniones con funcionarios iraníes hasta que “se detenga la matanza sin sentido de manifestantes” y cerró su mensaje con una advertencia ambigua: “La ayuda está en camino”, acompañado del lema MIGA (“Make Iran Great Again”), una señal de respaldo abierto a las protestas que elevó la tensión con el régimen iraní.

Un hilo con el exterior tras días de silencio
Edificios gubernamentales y bancos incendiados, cajeros automáticos inutilizados y una vigilancia asfixiante marcan el pulso cotidiano. En los barrios del norte de la capital, las autoridades realizan allanamientos para detectar terminales de Starlink y antenas parabólicas, en un intento por blindar el apagón informativo. La televisión estatal incluso leyó un comunicado anunciando que los servicios de morgue y funerarias serán gratuitos, una señal de la magnitud del número de víctimas y de los abusos denunciados por familiares para recuperar los cuerpos.

El uso de munición real por parte de las fuerzas de seguridad para reprimir las protestas vino acompañado de una ola de arrestos y de una aceleración inédita de los procesos judiciales. Según la Hengaw Organisation for Human Rights, un joven de 26 años detenido el jueves pasado ya fue condenado a muerte.

La organización denunció que la familia de Erfan Soltani fue informada de que será ejecutado mañana, sin haber recibido información sobre cuándo se celebró el juicio ni cuáles fueron los cargos formales en su contra. “Nunca vimos un caso avanzar con tanta rapidez”, dijo Awyar Shekhi, representante de la ONG, en declaraciones a la BBC. “El gobierno está usando todas las tácticas que conoce para reprimir y sembrar miedo”.

Tras varios días de aislamiento casi total, el martes se produjo un quiebre parcial: los iraníes pudieron volver a llamar al exterior desde sus celulares por primera vez desde que las comunicaciones fueron interrumpidas durante la campaña de represión. Varias personas lograron comunicarse con periodistas de The Associated Press, ofreciendo un atisbo de la vida cotidiana en el país tras días desconectado del resto del mundo.

Los testigos señalaron que los mensajes de texto SMS seguían sin funcionar y que el acceso a internet continuaba restringido a sitios locales aprobados por el gobierno, sin posibilidad de conectarse al exterior. Comerciantes y taxistas describieron una ciudad abierta “por orden”, con poco tránsito peatonal y un clima de temor constante.

En el Gran Bazar de Teherán —epicentro inicial de las manifestaciones el 28 de diciembre— los comercios reabrieron bajo presión de las fuerzas de seguridad. Varios comerciantes aseguraron que recibieron órdenes de levantar las persianas “bajo cualquier circunstancia”, aunque los medios estatales no reconocieron oficialmente esa instrucción. Bancos y oficinas públicas fueron incendiados durante los disturbios y las entidades financieras enfrentan dificultades para completar transacciones sin conexión a internet.

Organizaciones de derechos humanos como Hrana (Human Rights Activists News Agency) contabilizan más de 10.700 detenidos y 646 muertes confirmadas de forma independiente —512 manifestantes y 134 miembros de las fuerzas de seguridad—, cifras que contrastan con el número de 2000 fallecidos citado por Reuters y subrayan la opacidad del momento. Con el internet caído, determinar el alcance real de las protestas desde el exterior se volvió casi imposible, y el gobierno iraní no ha ofrecido cifras oficiales totales.

Pese a la retórica incendiaria, los canales diplomáticos permanecían abiertos hasta el momento. El canciller iraní, Abbas Araghchi, confirmó en una entrevista televisiva que continúa comunicándose con el enviado estadounidense Steve Witkoff antes y después del estallido de las protestas, aunque advirtió que “las ideas y amenazas propuestas por Washington son incompatibles”.

Desde la Casa Blanca, la secretaria de prensa Karoline Leavitt reconoció que las declaraciones públicas de Irán difieren de los mensajes privados recibidos por Washington en los últimos días. “El presidente tiene interés en explorar esos mensajes”, dijo, aunque subrayó que Trump “no tiene miedo de usar opciones militares si y cuando lo considere necesario”.

Por su parte, varios países europeos —Finlandia, Dinamarca, Reino Unido y Francia— convocaron este martes a los representantes diplomáticos de Irán para expresar su condena a la represión de las protestas y al corte del acceso a internet.

La canciller finlandesa Elina Valtonen denunció que el régimen “cortó internet para poder matar y oprimir en silencio” y anticipó que su país evalúa medidas con la UE para ayudar a restablecer libertades.

Dinamarca citó al encargado de negocios iraní para exigir el respeto de derechos básicos —incluida la libertad de expresión y un acceso a internet sin trabas—, mientras que en Reino Unido y Francia las cancillerías convocaron a los embajadores para exigir rendición de cuentas por la violencia estatal, según señalaron Yvette Cooper y Jean-Noël Barrot.

Fuente Medios

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