Cuando Aldo y Betty llegaron desde San Rafael, Mendoza, a Neuquén, hace más de 40 años, no imaginaban que el vino terminaría convirtiéndose en una tradición que atravesaría generaciones. Primero se dedicaron a la distribución y, con el tiempo, abrieron una de las primeras vinotecas de la ciudad. Ahora, su hija María Delia Fernández decidió continuar ese camino con un proyecto propio y una propuesta diferente.
María Delia vive en Neuquén desde los dos años y creció acompañando el desarrollo del negocio familiar. Hace más de dos décadas, sus padres inauguraron Lagar, un espacio dedicado exclusivamente a la venta de vinos, cuando ese formato todavía era poco conocido entre los consumidores neuquinos.
Hoy, la historia familiar suma un nuevo capítulo con NegroAmaro, la vinoteca que María Delia abrió hace aproximadamente un mes y medio en Altos del Limay, a pocos minutos del Paseo de la Costa.

Cuando una vinoteca todavía era una novedad
La relación de la familia con el vino comenzó mucho antes de que existiera Lagar. Aldo y Betty llevaron desde Mendoza un conocimiento que primero se transformó en trabajo de distribución y luego en una apuesta comercial diferente: acercar distintas etiquetas y bodegas directamente a los consumidores.
La primera vinoteca de la familia funcionó durante unos diez años sobre Félix San Martín. En aquel momento, el concepto era prácticamente desconocido para buena parte de los neuquinos.
María Delia recuerda que algunos clientes ingresaban al local sin saber exactamente qué tipo de negocio era e incluso llegaban a pensar que se trataba de una bodega. La elección de la ubicación también generaba dudas: la zona estaba vinculada principalmente con casas de repuestos y no parecía, a priori, un lugar destinado a un negocio de esas características.
La apuesta, sin embargo, funcionó. El local permitió construir una clientela fiel y posteriormente la familia se trasladó a Edelman, donde continuó con la actividad.
El vino como experiencia
Con los años, el negocio familiar también fue cambiando. El vino dejó de ser solamente un producto para llevar a casa y comenzó a convertirse en una puerta de entrada a nuevas experiencias.
Las primeras catas surgieron casi de manera espontánea y luego fueron tomando una forma más organizada. Desde hace aproximadamente dos años, la familia comenzó a realizar encuentros para grupos reducidos con la participación de especialistas.
Por esas reuniones pasaron enólogos, ingenieros agrónomos y propietarios de bodegas de Mendoza y de la región. La propuesta busca que los asistentes puedan conocer qué existe detrás de una botella: cómo se produce un vino, de dónde proviene y cuáles son las decisiones que intervienen en su elaboración.
Para María Delia, ese vínculo directo con quienes conocen el proceso permite transformar una simple degustación en una oportunidad para aprender y preguntar. “Hoy no es abrir un local y esperar que vengan a comprarte”, resume al explicar el cambio en los hábitos de consumo y la necesidad de ofrecer una experiencia alrededor del producto.
Una nueva vinoteca en una zona que también está cambiando
Después de estudiar Administración de Empresas y realizar diferentes cursos y capacitaciones vinculados al mundo del vino, María Delia decidió darle una identidad propia a esa tradición familiar.
Así nació NegroAmaro, en Altos del Limay. La elección del lugar estuvo relacionada con el crecimiento que experimentó ese sector de Neuquén, donde se multiplicaron los barrios residenciales, loteos y nuevas construcciones.
La emprendedora también encontró allí una ventaja para los vecinos de la zona: evitar el traslado hasta el centro, especialmente después de la jornada laboral, y contar con un lugar donde llegar, estacionar y quedarse un rato.
La propuesta busca que el cliente no entre simplemente a comprar una botella y se vaya. Entre las opciones del local hay un dispenser de vinos, cuyas etiquetas van cambiando, para que los visitantes puedan probar distintas variedades y descubrir nuevos productos.
A poco más de un mes de la apertura, las primeras catas comenzaron a reunir grupos pequeños, con una importante presencia de vecinos de los barrios cercanos.
NegroAmaro Club: una comunidad alrededor del vino
El proyecto también tiene una propuesta de membresía: NegroAmaro Club. La iniciativa surgió incluso antes de que el local abriera sus puertas y busca generar una comunidad alrededor del interés por conocer nuevos vinos. Cada mes, María Delia selecciona personalmente distintas botellas y propone una combinación de etiquetas, bodegas o variedades.
La membresía no tiene costo mensual ni exige una compra. Cada integrante puede decidir si quiere reservar la selección de ese mes o esperar la próxima propuesta.
El criterio detrás de cada elección también forma parte de la experiencia. Los vinos buscan tener algún elemento en común, ya sea una región, una característica o una manera particular de recorrer el mundo vitivinícola.
En septiembre, por ejemplo, la selección estuvo integrada por tres vinos de Familia Schroeder acompañados por chocolates de La Vieja Aldea, incorporando productos de empresas regionales a la propuesta.
Continuar la historia, pero con una identidad propia
Aldo y Betty, de 74 y 72 años, todavía permanecen vinculados al negocio familiar, aunque comenzaron a reducir algunas de sus responsabilidades después de décadas de trabajo.
María Delia continúa colaborando con la gestión de la vinoteca familiar, pero su nuevo emprendimiento representa una búsqueda diferente. La historia que comenzó con sus padres sigue presente, aunque ahora se combina con sus propias experiencias, una ciudad que cambió y nuevas formas de relacionarse con el vino.
NegroAmaro es, en ese sentido, una continuidad y a la vez una nueva etapa: la posibilidad de tomar un legado familiar y adaptarlo a otra generación, con la idea de que detrás de cada botella puede haber mucho más que un producto.
Una copa compartida, una charla, una etiqueta desconocida o simplemente el tiempo para disfrutarla forman parte de esa nueva manera de entender la vinoteca.
Fuente: Medios








