En apenas dos años, el gobierno de Rolando Figueroa logró lo que durante décadas parecía imposible: consolidar un verdadero cambio de época en Neuquén. No se trata solo de una alternancia política, sino de un giro profundo en la forma de ejercer el poder, dejando atrás la tolerancia a los privilegios para instaurar un modelo donde la ley vuelve a tener peso propio.
El eje del cambio es claro: el que las hace, las paga. Una consigna que durante años sonó a promesa vacía, hoy se traduce en decisiones concretas. La purga dentro del Estado no distingue nombres ni trayectorias: ñoquis, delincuentes y operadores corruptos que vivieron del sistema quedan afuera. La impunidad dejó de ser garantía desde diciembre de 2023.
El caso del abogado Alfredo Andrés Cury ilustra esta transformación. Durante años se movió con comodidad en los pasillos del poder en tiempos de Omar Gutiérrez, pero terminó siendo parte de una estructura que desvió recursos destinados a los sectores más vulnerables. Su exoneración, formalizada esta semana, no es solo una sanción administrativa: es el símbolo de una época que ha terminado.
Cury no actuó solo. Integró una red de corrupción junto a funcionarios y particulares, entre ellos el exdirector de planes sociales Ricardo Soiza, que entre 2020 y 2022 desvió fondos públicos hacia cuentas personales y circuitos de financiamiento político. Hoy, tanto Cury como Soiza y otros responsables están condenados por la Justicia y expulsados de la administración pública, marcando un punto de inflexión sin retorno.
Obras y políticas públicas con un nuevo sentido
Este proceso de limpieza se combina con un impulso concreto a obras y políticas públicas: rutas, escuelas, hospitales, becas educativas en todos los niveles, ampliación de redes de gas y una estrategia clave: priorizar el empleo neuquino en Vaca Muerta y otros polos productivos.
Sin embargo, nada de eso tendría el mismo valor si no fuera acompañado por el fin de los privilegios. La tolerancia cero significa terminar con un sistema donde unos pocos vivían por encima de la ley mientras la mayoría sostenía el Estado sin saberlo.
Hoy, Neuquén es una provincia mejor, no solo por lo que construye, sino por lo que ha decidido no tolerar nunca más. Ese cambio profundo, el más importante de todos, marca el rumbo de una nueva etapa.
Fuente: Medios.




