El océano Pacífico atraviesa una etapa de calentamiento que podría modificar el régimen de precipitaciones en distintas regiones de la Argentina durante los próximos meses. El fenómeno conocido como El Niño avanza hacia una intensidad poco habitual y los principales modelos de pronóstico anticipan una primavera y un verano con mayores probabilidades de lluvias en varias zonas del país.
La evolución del fenómeno es seguida de cerca por organismos meteorológicos y científicos debido a su capacidad para alterar los patrones atmosféricos a escala regional. Sin embargo, los especialistas remarcan que la intensidad que alcance El Niño no permite, por sí sola, determinar qué cantidad de lluvia recibirá cada región ni anticipar inundaciones.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) emitió una advertencia por la evolución del fenómeno y estima que existe más de un 90% de probabilidad de que El Niño alcance una intensidad muy fuerte.
Para el período comprendido entre octubre y diciembre, además, la agencia calcula un 75% de posibilidades de que el episodio supere una marca que no fue alcanzada por ningún evento de El Niño desde 1950.
Los antecedentes que se utilizan como referencia son los episodios de 1982-1983 y 1997-1998, considerados entre los más intensos registrados. De acuerdo con un análisis del meteorólogo Mauricio Saldívar publicado en Meteored, el fenómeno que se desarrolla actualmente podría incluso superar a ambos en cuanto a la intensidad del calentamiento oceánico.
Cuándo podría alcanzar su máxima intensidad
Las proyecciones actuales ubican el pico de El Niño hacia diciembre, cuando la temperatura superficial del océano Pacífico podría situarse alrededor de 2,7 °C por encima de los valores normales en determinadas áreas de referencia.
Ese registro estaría por encima de los máximos alcanzados durante los episodios de 1982-1983 y 1997-1998. No obstante, el dato no debe interpretarse de manera directa como una previsión de lluvias extraordinarias para la Argentina.

La relación entre el calentamiento del Pacífico y las precipitaciones depende de múltiples factores. Entre ellos se encuentran la circulación de la atmósfera, la ubicación de los sistemas de presión y la persistencia de las lluvias sobre las distintas cuencas hidrográficas.
Por eso, un El Niño de intensidad récord puede coincidir con precipitaciones muy abundantes en algunas regiones y no necesariamente producir el mismo efecto en todo el territorio argentino.
Qué indicador se utiliza para medir la intensidad
Una de las herramientas utilizadas actualmente para evaluar la evolución del fenómeno es el RONI, Relative Oceanic Niño Index, un índice que permite analizar la temperatura del océano teniendo en cuenta el calentamiento general que experimentaron los mares durante las últimas décadas.
El indicador busca diferenciar el calentamiento asociado específicamente con El Niño del incremento global de las temperaturas oceánicas vinculado al cambio climático.
Según explicó el meteorólogo Mauricio Saldívar, un RONI elevado constituye una señal de la intensidad del fenómeno, pero no permite establecer por sí mismo cuál será la magnitud de sus consecuencias sobre una determinada región.
En ese sentido, el comportamiento de la atmósfera durante los próximos meses será determinante. Para evaluar posibles crecidas o inundaciones, además, será fundamental observar cuánto llueve y durante cuánto tiempo sobre las cuencas de los principales ríos.
Qué zonas de Argentina podrían recibir más lluvias
El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) ya identifica distintas regiones con una mayor probabilidad de registrar precipitaciones superiores a las habituales durante la primavera.

Para el trimestre septiembre-octubre-noviembre, los pronósticos señalan una mayor probabilidad de lluvias por encima de los valores normales en sectores del norte del Litoral, Cuyo, La Pampa, el sudoeste de Buenos Aires y el noreste de la Patagonia.
En otras regiones se prevén condiciones normales o superiores a las normales, mientras que para sectores del NOA, Tierra del Fuego y el sudoeste de Santa Cruz se contemplan escenarios entre normales e inferiores a los valores habituales.
Los modelos también muestran diferencias dentro de una misma región, por lo que las tendencias deben interpretarse como probabilidades climáticas y no como una predicción exacta de las lluvias que tendrá cada localidad.
El modelo meteorológico europeo ECMWF ubica para octubre y noviembre algunos de los mayores excesos de precipitaciones sobre Corrientes, Misiones, el este de Formosa y Chaco.
También aparecen con señales de lluvias superiores a las habituales sectores de Entre Ríos, Santa Fe, Santiago del Estero y Tucumán.
El panorama podría adquirir mayor relevancia hacia diciembre, cuando las proyecciones ubican el máximo desarrollo de El Niño.
Por qué la intensidad del fenómeno no alcanza para anticipar inundaciones
Uno de los principales interrogantes está relacionado con el comportamiento de los grandes ríos argentinos, especialmente aquellos vinculados con la Cuenca del Plata.
La presencia de un El Niño muy intenso no implica automáticamente una inundación extraordinaria. Para que se produzcan crecidas importantes es necesario que coincidan determinadas condiciones atmosféricas y un volumen significativo de precipitaciones sobre las zonas que alimentan las cuencas.
Los especialistas plantean distintos escenarios posibles.
Uno de ellos contempla un El Niño muy intenso en el océano, pero sin una circulación atmosférica que favorezca lluvias persistentes sobre las cuencas del Paraná y el Paraguay. En ese caso, el calentamiento excepcional del Pacífico podría no traducirse en una crecida de características extraordinarias.
Otro escenario sería comparable con el comportamiento observado durante 1997-1998, cuando las precipitaciones estuvieron por encima de los valores normales y se registraron crecidas importantes.
El escenario de mayor impacto sería aquel en el que coincidieran un El Niño extremadamente intenso y una configuración atmosférica favorable para lluvias persistentes sobre las principales cuencas. De ocurrir, podría producirse una crecida prolongada y de gran magnitud.
Por ahora, no existe certeza sobre cuál de estas situaciones terminará desarrollándose.
El Gobierno activó un esquema preventivo
Ante las perspectivas para los próximos meses, el Gobierno nacional puso en marcha el Plan de Coordinación Federal ENOS 2026-2027, destinado a fortalecer la preparación ante posibles impactos asociados al fenómeno El Niño-Oscilación del Sur.
El esquema involucra a organismos nacionales, provincias y municipios. La Agencia Federal de Emergencias asumió la coordinación de las acciones y trabaja en el fortalecimiento de los sistemas de alerta y monitoreo meteorológico e hidrológico.
También se prevé la preparación de equipos de rescate y asistencia y el desarrollo de tareas preventivas sobre rutas nacionales, especialmente en aquellas zonas que podrían verse afectadas por lluvias intensas, anegamientos o crecidas.

En paralelo, el Instituto Nacional del Agua mantiene el seguimiento de los ríos de la Cuenca del Plata y genera información sobre la evolución de los niveles de los cauces y las posibles crecidas.
El trabajo preventivo también incluye la coordinación con las provincias para revisar los recursos disponibles y mejorar la capacidad de respuesta frente a eventuales emergencias.
Qué puede pasar durante el verano
El SMN mantiene un monitoreo permanente de la evolución de El Niño y de las señales que muestran los modelos climáticos para la Argentina.
Por el momento, las proyecciones permiten anticipar una mayor probabilidad de precipitaciones en distintas regiones durante la primavera y el verano, pero no permiten establecer con precisión qué localidades recibirán los mayores acumulados ni si se producirán inundaciones.
El fenómeno podría alcanzar su máxima intensidad alrededor de diciembre, y sus efectos sobre la circulación atmosférica podrían extenderse durante el verano y los primeros meses de 2027.
La evolución de las lluvias sobre las principales cuencas será uno de los puntos que requerirá mayor seguimiento. En particular, las autoridades mantienen la atención sobre las áreas vinculadas con los ríos Paraná y Paraguay, donde una sucesión de precipitaciones persistentes podría modificar los niveles de los cauces.
Así, el escenario que se abre para Argentina combina una señal climática de gran intensidad con un nivel de incertidumbre todavía importante sobre sus efectos concretos. La temperatura del Pacífico constituye una de las piezas centrales del fenómeno, pero serán las condiciones atmosféricas de los próximos meses las que terminarán definiendo dónde, cuánto y durante cuánto tiempo lloverá.
Fuente: Medios.








