El riesgo país de la Argentina volvió a ubicarse en torno a los 600 puntos básicos, tras un incremento superior a los 60 puntos en lo que va de marzo, lo que refleja un deterioro en la percepción de solvencia crediticia y limita el acceso al financiamiento externo.
Según datos del índice EMBI elaborado por JP Morgan, este nivel de riesgo implica, en términos prácticos, el cierre de los mercados internacionales para nuevas emisiones de deuda soberana, en un contexto de tasas elevadas.
De acuerdo con informes de la consultora GMA Capital, el sobrecosto financiero del país aumentó más de 130 puntos básicos desde fines de enero, llevando los rendimientos de los bonos argentinos por encima del 10%. En este escenario, analistas advierten que las condiciones actuales dificultan cualquier intento de captar capitales en el corto plazo.

El repunte del indicador responde a factores tanto externos como internos. En el plano global, la incertidumbre derivada del conflicto en Medio Oriente impulsó el precio del petróleo y presionó al alza las tasas de los bonos del Tesoro de Estados Unidos a 10 años, que registraron subas recientes.
Especialistas de la consultora Outlier señalaron que un contexto internacional de tasas más altas afecta especialmente a economías con acceso restringido al crédito, como la Argentina. En la misma línea, desde IEB (Invertir en Bolsa) sostuvieron que, ante la falta de señales locales contundentes y la persistencia de tensiones globales, no se prevé una baja sostenida del riesgo país en el corto plazo.
A nivel interno, los compromisos de deuda continúan siendo un factor de presión. Según GMA Capital, la Argentina enfrenta vencimientos por unos 30.000 millones de dólares hasta 2027, sin acceso pleno al financiamiento voluntario.
Frente a este escenario, el ministro de Economía, Luis Caputo, aseguró que el Gobierno no planea emitir deuda en las condiciones actuales y afirmó que los compromisos con bonistas están cubiertos hasta julio de 2027 mediante otras fuentes de financiamiento.
Otro elemento señalado por los analistas es el aumento del peso de los activos argentinos en carteras globales, que creció más de 60% desde fines de 2023. Esta situación exige una recomposición de inversores hacia perfiles de largo plazo para que se reduzcan los rendimientos exigidos.
En paralelo, desde la consultora LCG advirtieron que un riesgo país elevado podría generar presiones sobre el tipo de cambio si el mercado ajusta sus expectativas.
Finalmente, indicadores de la economía real también inciden en la evaluación de los inversores. El aumento del desempleo hacia fines de 2025 y la caída del 5,3% en el Índice de Confianza del Consumidor de la Universidad Di Tella suman incertidumbre sobre la evolución del programa económico.
Analistas coinciden en que, para lograr una baja sostenida del riesgo país, será necesario que las mejoras macroeconómicas se reflejen con mayor claridad en la actividad económica y en las condiciones sociales.
Fuente: Medios




