La Argentina será protagonista de una misión clave hacia la Luna a través del satélite ATENEA, que integrará el vuelo Artemis II de la NASA. Se trata del primer viaje tripulado que orbitará el satélite natural en más de 50 años y contará con participación nacional mediante un desarrollo íntegramente realizado en el país.
El microsatélite fue creado por la CONAE junto con universidades e instituciones argentinas y viajará como carga secundaria en el cohete Space Launch System. La misión tiene como objetivo principal validar tecnologías que luego serán utilizadas en proyectos espaciales de mayor escala.
Artemis II será un vuelo de prueba de aproximadamente diez días, en el que cuatro astronautas orbitarán la Luna para evaluar los sistemas de la cápsula. En ese marco, los países que firmaron los Acuerdos Artemis pueden incorporar sus propios satélites al lanzamiento.
Santiago Husain Cerutti, integrante del equipo técnico de ATENEA, explicó que la participación argentina se gestó a partir de 2020, cuando comenzaron los acuerdos de cooperación. “Estos acuerdos dan una visión de muy largo plazo y se apoyan en la relación histórica que tiene la Argentina con la NASA desde hace más de 30 años”, señaló.
ATENEA es un CubeSat clase 12U, diseñado y construido en el país. Tras el despegue, el satélite se separará del cohete a unos 70.000 kilómetros de la Tierra y quedará en una órbita elíptica, mientras la cápsula continúa rumbo a la Luna.

Durante su recorrido, el microsatélite probará distintos sistemas tecnológicos. “El objetivo principal es validar las tecnologías críticas para las futuras misiones espaciales argentinas”, afirmó Cerutti. Entre ellas se incluyen sensores, estructuras y sistemas de posicionamiento.
Uno de los desarrollos destacados es un GPS creado por la Universidad Nacional de La Plata, que busca alcanzar un alto nivel de madurez antes de ser incorporado en satélites comerciales o científicos de mayor tamaño.
Más allá del aspecto experimental, los avances tienen impacto directo en actividades productivas. Según explicó el ingeniero, estas tecnologías pueden aplicarse en áreas como el agro, la minería, la pesca, el petróleo, el gas y el monitoreo ambiental.
El lanzamiento de Artemis II está previsto, en principio, para el 6 de febrero de 2026 desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida. Sin embargo, la fecha depende de múltiples factores, como el clima, las condiciones espaciales y el estado del cohete.

“Son ventanas de oportunidad: cinco días en los que se decide si se lanza o no”, detalló Cerutti. En caso de suspensión, se abrirán nuevas posibilidades en las semanas siguientes.
En lo personal, el ingeniero destacó el valor del proyecto. Especializado en control de orientación, explicó que su tarea es fundamental para que el satélite pueda recargar energía y operar correctamente. “Cuando lo lanzás, primero tenés que orientarlo al sol para que se carguen las baterías”, comentó.
“No sé para dónde me va llevando el rumbo con esta misión, pero es muy motivador”, concluyó sobre una experiencia que marca un hito para el desarrollo espacial argentino.
Fuente: Medios




