Neuquén avanza con nuevas exigencias ambientales para la industria hidrocarburífera, en un contexto de expansión de Vaca Muerta y de mayores requisitos internacionales para la comercialización de energía. A través de un procedimiento obligatorio de reporte de Gases de Efecto Invernadero (GEI), la provincia busca cuantificar las emisiones de metano y otros gases, establecer criterios comunes de medición y avanzar hacia una reducción del 16% en la intensidad de las emisiones durante los próximos 20 años.
La iniciativa se enmarca en la Ley 3454 y su actualización mediante la Resolución 285/25. El esquema apunta a fortalecer el control ambiental de la actividad y preparar la producción neuquina para competir en mercados que exigen mayor trazabilidad de la huella de carbono.
“Es muy importante que Vaca Muerta y todo lo que estamos desarrollando tenga esta meta de llegar a cero emisiones. Para transitar ese camino, primero tenemos que cuantificar y, a partir de ahí, seguir trabajando”, sostuvo el gobernador Rolando Figueroa durante la apertura del encuentro Vaca Muerta Near Zero, realizado en septiembre.
La estrategia también busca posicionar el gas neuquino como un producto con emisiones cuantificadas y verificables, en particular frente a las oportunidades de exportación de gas natural licuado (GNL) asociadas a los proyectos Argentina LNG y Southern Energy.

Un sistema común para medir las emisiones
El procedimiento oficializado por el Gobierno provincial surgió de una prueba piloto realizada durante 2025 junto con la Comisión de Emisiones del Instituto Argentino del Petróleo y del Gas (IAPG), con la participación de empresas operadoras de la cuenca.
Para unificar los criterios de medición, Neuquén adoptó como referencia el estándar internacional Oil & Gas Methane Partnership 2.0 (OGMP 2.0), impulsado por Naciones Unidas y utilizado para mejorar la medición, el reporte y la verificación de las emisiones de metano en el sector energético.
El sistema también contempla diferencias según el tamaño de las compañías. Para graduar las exigencias, se estableció una clasificación entre grandes y pequeñas productoras, con un umbral de 9.000 barriles equivalentes de petróleo anuales.
El subsecretario de Cambio Climático de Neuquén, Santiago Nogueira, explicó que antes de implementar el procedimiento existían diferencias importantes entre las empresas. “Nos encontramos con empresas que hacían mediciones, otras que no y criterios muy diversos entre las que sí las hacían”, señaló.
El nuevo marco establece cinco niveles progresivos de monitoreo. Los niveles 1 y 2 se basan en estimaciones generales y factores de emisión por yacimiento o segmento; el nivel 3 profundiza el cálculo a escala de cada fuente, mientras que los niveles 4 y 5 requieren mediciones directas en los equipos.
La aplicación de estas exigencias se incrementará progresivamente, en línea con el crecimiento de la producción no convencional. La meta de la provincia es contar en 2027 con un inventario de gases de efecto invernadero consolidado y con información más precisa sobre las emisiones de la actividad.
El control comienza en la producción de petróleo y gas
La primera etapa del sistema está concentrada en el upstream, es decir, las actividades de exploración y producción, que representan cerca del 80% de las emisiones del sector, según detalló Nogueira.
El plan prevé incorporar gradualmente al midstream, vinculado con el transporte y procesamiento de hidrocarburos, y al downstream, que comprende las etapas posteriores de refinación, distribución y comercialización.
Los primeros reportes obligatorios, correspondientes al inventario de emisiones de 2025, deberán completarse antes de finalizar 2026.
En paralelo, Neuquén incorporó herramientas tecnológicas para detectar emisiones de metano en tiempo real. El sistema funciona en articulación con el Observatorio Internacional de Emisiones de Metano (IMEO), mediante el mecanismo MARS, que utiliza información satelital para identificar grandes liberaciones de este gas.
La tecnología permite detectar superemisiones superiores a los 100 kilogramos de metano por hora. Cuando se identifican estos eventos, la autoridad provincial recibe las coordenadas y notifica a la operadora correspondiente para que intervenga y controle la fuga.
Además, el Gobierno neuquino trabaja en la reglamentación de las campañas de detección y reparación de fugas, conocidas como LDAR por sus siglas en inglés. La intención es establecer umbrales de emisión y plazos obligatorios de reparación que comiencen a regir a partir de 2027.
La huella de carbono, un factor clave para exportar GNL
La política ambiental provincial responde a tres objetivos centrales: reducir el impacto de la actividad sobre el ambiente, evitar pérdidas de un recurso estratégico y adecuar la producción a las exigencias de los mercados internacionales.
La Unión Europea y potenciales compradores del GNL argentino en Asia, entre ellos Japón y Corea del Sur, avanzan hacia mayores requisitos de información y trazabilidad ambiental. En ese escenario, medir las emisiones puede convertirse en una condición cada vez más relevante para acceder a determinados mercados.
“Reducir la intensidad de las emisiones se convertirá en un pasaporte de competitividad indispensable para el gas de Vaca Muerta”, afirmó Nogueira.
La provincia busca así que el crecimiento de la producción hidrocarburífera esté acompañado por mecanismos capaces de demostrar el desempeño ambiental de las operaciones.
El desafío no pasa solamente por aumentar la extracción, mejorar la productividad o atraer inversiones. También implica generar información verificable sobre las emisiones y desarrollar herramientas que permitan reducirlas de manera progresiva.
En ese contexto, Neuquén apuesta a que la medición del metano y la trazabilidad de la huella de carbono se conviertan en componentes centrales de su estrategia energética y exportadora.
Fuente: Medios








