Mientras el país cerró la segunda mitad de 2025 con un índice de pobreza elevado y muy heterogéneo, la Patagonia volvió a destacarse con indicadores más alentadores que el promedio nacional. Sin embargo, la radiografía territorial confirma que la recuperación no fue pareja y que las diferencias entre ciudades siguen siendo profundas.
En la región patagónica, la pobreza alcanzó el 25,4%, por debajo de la media nacional. Dentro de ese mapa, el contraste es nítido: Rawson–Trelew registró la tasa más alta de la zona, con 32,9%, mientras que Neuquén–Plottier volvió a liderar los mejores desempeños sociales del sur con un 22,4%, impulsado por una fuerte mejora interanual. De hecho, ese aglomerado logró reducir casi 10 puntos respecto del segundo cuatrimestre de 2024, cuando había trepado al 32%.
En Río Negro, la evolución también fue significativa. Viedma–Patagones marcó un 26,5%, lo que implica una mejora superior a los 12 puntos en comparación con el año previo, cuando la pobreza había rozado el 40%. El dato, aunque sigue siendo alto, muestra una recuperación más acelerada que en otras regiones del país.
El panorama cambia al mirar hacia los grandes centros urbanos. En CABA, la pobreza afectó al 9,6% de los habitantes, una cifra que contrasta con la de los partidos del Gran Buenos Aires, donde el índice trepó al 32,6%, reflejando una brecha económica estructural que se profundiza.
La región Pampeana, con un promedio del 26,2%, es un mosaico de realidades dispares. Allí sobresale el caso crítico de Concordia, que volvió a ubicarse entre las ciudades más golpeadas del país con un 49,9% de pobreza. En la otra punta, el Gran Rosario registró apenas 22,3%, convirtiéndose en uno de los aglomerados con mejores números del interior.
En el Noreste, la pobreza llegó al 32,7%, con Gran Resistencia entre las jurisdicciones más afectadas: 42,2% de su población es pobre. El Noroeste, por su parte, mostró un 28,4%, aunque con focos críticos como La Rioja, que pese a mejorar sus indicadores, mantiene una tasa elevada del 36,7%.
El mapa social del país revela así una recuperación moderada pero profundamente desigual. Mientras algunas ciudades logran consolidar mejoras, otras continúan atrapadas en niveles crónicos de pobreza que parecen resistir todos los ciclos económicos.




