Un archivo, cinco cuadernos y una condena: la historia detrás del caso del empresario abusador

La causa estuvo a punto de ser archivada, pero la querella logró reabrirla y avanzar hasta un juicio por jurados. Los cuadernos que el condenado obligaba a escribir a su hijastra durante los abusos fueron una de las pruebas centrales.
Un archivo, cinco cuadernos y una condena: la historia detrás del caso del empresario abusador

La condena a 17 años de prisión para un empresario de 66 años, identificado como J.R., puso fin a un proceso judicial que se extendió durante dos años y medio y que comenzó con una denuncia por abusos sexuales cometidos durante casi dos décadas.

La investigación tuvo un recorrido complejo y estuvo incluso cerca de quedar archivada. La insistencia de la querella en incorporar nuevas pruebas permitió reactivar el expediente y llevar el caso a un juicio por jurados, que terminó con un veredicto unánime de culpabilidad.

La víctima acudió en febrero de 2024 al estudio del abogado Carlos Caroselli y relató que había sufrido abusos por parte de la pareja de su madre desde los 7 hasta los 26 años. Según su relato, el hombre había presentado esas situaciones como algo habitual dentro de la familia y utilizaba distintos mecanismos de manipulación y castigo para mantenerlas en secreto.

Caroselli la acompañó a la Fiscalía de Neuquén para realizar la denuncia. A partir de lo que contó la mujer, el abogado solicitó que se realizara un allanamiento en la vivienda del empresario para buscar unos cuadernos en los que, según había relatado la víctima, estaban registrados los abusos.

La causa había sido archivada

Pese a la incorporación de esa prueba, entre julio y agosto de 2024 la Fiscalía había dispuesto el archivo de la investigación.

La querella impugnó la decisión dentro del plazo establecido y consiguió que la presentación fuera concedida. Sin embargo, la causa no se reabrió inmediatamente: la investigación retomó su curso recién en febrero de 2025.

Durante ese período, la querella impulsó una investigación propia, incorporó testimonios y solicitó distintas medidas de prueba. Para Caroselli, la impugnación del archivo fue determinante para evitar que el caso quedara cerrado.

Los cuadernos fueron una prueba clave

Además de los testimonios de la víctima, las pericias y otros elementos incorporados durante la investigación, los cinco cuadernos secuestrados en la vivienda tuvieron un papel central durante el juicio.

Por protección de la víctima, el contenido específico de los escritos no fue difundido. Durante el debate, una integrante de Seguridad Personal de la Policía explicó qué contenía cada uno de los cuadernos, mientras que otros testigos declararon sobre su existencia y contenido.

Los registros funcionaban como una especie de diario íntimo en el que J.R. hacía escribir a la víctima desde que era menor. De acuerdo con la acusación, allí quedaban asentados episodios que el hombre presentaba dentro de un sistema de creencias y reglas que había impuesto en el ámbito familiar.

Antes del juicio, los abogados de la acusación remarcaron ante los jurados la necesidad de analizar el conjunto de las pruebas y no quedarse únicamente con una primera impresión del caso.

Durante la deliberación, los 12 integrantes del jurado popular solicitaron volver a revisar los cinco cuadernos incorporados como prueba. Luego regresaron a la sala y emitieron un veredicto unánime de culpabilidad.

El juez impuso 17 años de prisión

Tras el veredicto comenzó la segunda etapa del proceso, destinada a determinar la pena. La Fiscalía y la querella habían solicitado 20 años de prisión, mientras que la defensa pidió una condena de siete años y medio.

Finalmente, el juez técnico Marco Lupica Cristo impuso una pena de 17 años de prisión efectiva. La acusación había considerado la duración de los abusos, el daño provocado a la víctima y la continuidad de las conductas para fundamentar el pedido de pena.

Para Caroselli, la sentencia representó el cierre de una etapa para la víctima, que atravesó la investigación y el juicio durante aproximadamente dos años y medio después de realizar la denuncia.

El desafío después de la condena

El caso también dejó expuesto el proceso que atravesó la víctima para romper con el mecanismo de manipulación que, según la acusación, se había extendido durante años.

Los mismos cuadernos que fueron utilizados dentro de ese sistema terminaron formando parte de la prueba que permitió acreditar los hechos durante el juicio.

Ahora, mientras espera que la sentencia quede firme, la mujer enfrenta una nueva etapa de su vida después de casi dos décadas de abusos y de los años posteriores dedicados a denunciar, investigar y llegar a juicio.

El rol de la Educación Sexual Integral

Para el abogado querellante, el caso también plantea la necesidad de fortalecer las herramientas para la detección temprana de abusos sexuales contra niños, niñas y adolescentes.

Caroselli señaló que los abusos comenzaron cuando la víctima tenía 7 años y consideró que el sistema educativo debe contar con herramientas para detectar cambios de conducta y posibles situaciones de violencia.

En ese sentido, destacó la importancia de que docentes y equipos especializados puedan identificar señales de alerta y activar mecanismos de intervención ante posibles casos de abuso.

Fuente: Medios

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