Una investigación realizada por especialistas del Conicet y el INTA Bariloche analizó las causas de muerte de ovejas en la estepa de Río Negro y comparó distintas estrategias para disminuir las pérdidas provocadas por pumas, zorros y perros. Los resultados fueron publicados en Biological Conservation, una revista científica internacional, y destacan la eficacia de los perros protectores como una herramienta para reducir la depredación y favorecer la convivencia entre la ganadería y la fauna silvestre.
El trabajo fue encabezado por el doctor en Biología Pablo Gáspero, investigador del INTA en Bariloche, quien durante tres temporadas estudió la mortalidad del ganado ovino en sistemas de producción extensiva. Para ello, el equipo relevó cerca de 140 animales muertos en seis establecimientos rurales, distribuidos en una superficie de aproximadamente 150.000 hectáreas.
Las recorridas se realizaban desde temprano, cuando las ovejas descendían de sus dormideros para comenzar el pastoreo. Los investigadores buscaban animales muertos y luego efectuaban necropsias para determinar las causas de los decesos. En el caso de los ejemplares adultos, cuyo peso superaba los 35 kilos, Gáspero explicó que debía marcar los lugares y regresar más tarde para completar los análisis.

Las causas de muerte de los ovinos
La investigación permitió distinguir diferentes factores que afectan la supervivencia del ganado. En los corderos recién nacidos, una parte importante de las pérdidas se relaciona con problemas nutricionales, que pueden derivar en desnutrición e hipotermia.
Según explicó Gáspero, se estima que entre el 30% y el 60% de los corderos puede morir alrededor del nacimiento. Una de las causas más frecuentes es el déficit nutricional de las ovejas durante la gestación, que reduce las reservas de energía con las que nacen las crías y aumenta su vulnerabilidad.
También influye el vínculo entre la madre y el recién nacido. Cuando una oveja atraviesa un cuadro grave de estrés nutricional, puede tardar más en recuperarse del parto y en estimular a su cría para que respire y se ponga de pie. Además, produce menos calostro, fundamental para las primeras horas de vida.

En esas condiciones, la madre puede alejarse para retomar el pastoreo y abandonar al cordero antes de que se establezca el vínculo entre ambos. La separación durante ese período crítico puede comprometer seriamente la supervivencia de la cría.
Una vez superadas las primeras 72 horas de vida, la depredación adquiere mayor relevancia como causa de mortalidad. Pumas, zorros y perros aparecen entre los principales responsables de las pérdidas en los establecimientos estudiados.
Pumas, zorros y perros: el impacto de los ataques
El trabajo también analizó la recuperación de las poblaciones de pumas en los ambientes rurales de la Patagonia. Décadas atrás, la persecución y la caza habían reducido su presencia en distintas zonas. Sin embargo, los cambios en la actividad rural, la crisis de la producción lanera y la migración de habitantes hacia las ciudades contribuyeron a modificar esos territorios.
En ese contexto, las poblaciones de pumas comenzaron a recuperarse y a ocupar nuevamente áreas rurales. El fenómeno plantea nuevos desafíos para los productores que deben proteger sus majadas sin agravar el impacto sobre la fauna nativa.

La investigación también contempló los ataques de perros en sectores de Bariloche, Dina Huapi, Pilcaniyeu y Las Bayas. De acuerdo con Gáspero, estos episodios pueden causar daños especialmente graves porque suelen afectar a varios animales en un mismo ataque.
Mientras que los pumas matan, en promedio, entre una y seis ovejas por evento a campo abierto, los perros pueden provocar la muerte de entre ocho y doce animales. A eso se suma que algunas ovejas sobreviven, pero quedan gravemente heridas o mutiladas.
Perros protectores: una alternativa para reducir la depredación
Uno de los principales resultados del estudio es que los perros protectores de ganado pueden reducir significativamente los episodios de depredación, en particular los ataques de pumas. Para evaluar su efectividad, los investigadores compararon tres establecimientos que utilizaban estos animales con otros tres que aplicaban métodos tradicionales de control letal.
Según Gáspero, los resultados mostraron un impacto favorable de los perros protectores, además de ventajas para la conservación de la biodiversidad. Entre otros riesgos, recordó que el uso de venenos para eliminar depredadores puede provocar la muerte de especies que no son el objetivo, como el cóndor andino.
El sistema se basa en el comportamiento de los perros y en el vínculo que desarrollan con los animales que deben proteger. Desde cachorros, se busca que establezcan una relación estrecha con las ovejas o las cabras, a las que incorporan a su grupo social.

Cuando alcanzan la madurez y comienzan a trabajar en el campo, los perros delimitan su territorio alrededor de la majada. Ante la presencia de un depredador, adoptan una conducta de alerta y defensa que dificulta los ataques, especialmente porque reduce el factor sorpresa que necesitan los animales silvestres para acercarse al ganado.
El objetivo no es necesariamente que se produzca una pelea. La presencia del perro y su reacción frente a una amenaza pueden disuadir al depredador y evitar que llegue hasta las ovejas.
El INTA comenzó a trabajar con perros protectores en 2013, una experiencia que sirvió como antecedente para evaluar esta estrategia en condiciones productivas reales.
Una herramienta que no reemplaza todas las medidas de control
Gáspero aclaró que la incorporación de perros protectores no constituye una solución única para todos los establecimientos. En campos muy extensos y con grandes cantidades de animales, su capacidad de cobertura puede resultar insuficiente, por lo que la estrategia debe adaptarse a las características de cada explotación.
El investigador sostuvo que, en determinadas situaciones, puede ser necesario complementar las medidas preventivas con un control letal responsable. Sin embargo, advirtió sobre los riesgos de recurrir a cebos tóxicos o trampas cepo, que pueden afectar a especies amenazadas y también poner en peligro a los propios perros protectores.
La investigación adquiere relevancia más allá de Río Negro porque la recuperación de grandes depredadores en áreas rurales es un fenómeno que también se observa en Estados Unidos y Europa. Compatibilizar la producción ganadera con la presencia de fauna silvestre se convirtió en un tema de interés para la ecología y el manejo de los sistemas productivos.

A la vez, el mercado internacional de lana comienza a valorar cada vez más los métodos de producción compatibles con el cuidado ambiental. En ese escenario, el uso de perros protectores aparece como una alternativa que puede contribuir tanto a reducir las pérdidas económicas de los productores como a disminuir el impacto sobre la biodiversidad.
El estudio realizado en la estepa rionegrina aporta evidencia para avanzar en esa dirección, con estrategias que buscan proteger al ganado y, al mismo tiempo, mejorar la convivencia entre la actividad rural y los depredadores nativos.
Fuente: Medios.










