Durante miles de años permanecieron ocultos bajo el agua y las rocas del lago. Hoy, gracias a un trabajo científico planificado, nuevos restos de un megaterio volvieron a salir a la luz en Bariloche, revalorizando la riqueza paleontológica de la región y la importancia de su preservación.
El rescate fue encabezado por el Dr. Ari Iglesias, paleontólogo e integrante de la Asociación Paleontológica de Bariloche, quien desde hace años estudia los registros fósiles del área. El hallazgo se produjo en el mismo sector donde, hace más de una década, se había encontrado un cráneo de este gigante prehistórico.
La bajante extraordinaria del lago Nahuel Huapi dejó expuestas antiguas formaciones rocosas. Ante esa situación, el equipo del Museo Paleontológico de Bariloche realizó una inspección en el lugar y detectó nuevos huesos aflorando.

“Sabíamos que el lago había descendido mucho y que estas rocas volvían a quedar al descubierto”, explicó Iglesias.
Tras confirmar el hallazgo, se realizó la denuncia correspondiente ante la Secretaría de Cultura de Río Negro, que autorizó el rescate formal. La intervención fue clave: si los restos permanecían allí, la erosión y la futura crecida del agua podían dañarlos irreversiblemente.
Ahora, el material recuperado será analizado por especialistas en megafauna de distintas provincias para determinar si pertenece al mismo ejemplar hallado años atrás y qué nueva información puede aportar.
Un antecedente que marcó la historia local
Hace poco más de diez años, trabajadores de la construcción encontraron un hueso que sobresalía entre las rocas y lo acercaron al museo local. Ese gesto permitió identificar el único registro de megaterio asociado a un ambiente glaciario en la región.
El cráneo, hoy exhibido en el museo de la ciudad, confirmó que este enorme perezoso terrestre habitó la zona en un contexto climático frío, algo poco documentado hasta entonces.

Iglesias remarca que ante un hallazgo fortuito lo correcto es no remover la pieza, tomar una fotografía, registrar el lugar exacto y dar aviso a las autoridades. En Río Negro, estos casos pueden denunciarse incluso a través del 911, lo que permite activar el protocolo de preservación.
Un gigante de hasta cuatro metros y medio
El megaterio fue el perezoso más grande que existió. A diferencia de los actuales, que viven en selvas y se desplazan por los árboles, este era un animal terrestre que podía erguirse sobre sus patas traseras y alcanzar hasta 4,5 metros de altura en la adultez.

El ejemplar hallado en Bariloche corresponde a un individuo juvenil, de entre dos y tres metros de altura, con un nivel de preservación notable. Estudios previos detectaron colágeno en los restos y permitieron realizar dataciones por carbono 14, que arrojaron una antigüedad aproximada de 16 mil años.
Más allá del tamaño del animal, el valor científico es profundo: estos huesos pueden aportar datos sobre el clima de la Patagonia durante el final de la última glaciación y sobre cómo vivían estos gigantes en ambientes fríos. Mientras que en la llanura pampeana existen numerosos registros, los asociados a entornos glaciarios son escasos.

En la región también se hallaron restos de otro perezoso extinto, el milodón, cerca de Laguna del Trébol, más reciente y contemporáneo de los primeros grupos humanos.
Cada nuevo hallazgo suma una pieza al rompecabezas del pasado. Desde la costa del lago y bajo la sombra de la cordillera, el megaterio vuelve a contar la historia de una Patagonia antigua, salvaje e imponente, que aún guarda secretos bajo sus aguas.
Fuente: Medios.




