Recuperaron terrenos abandonados y hoy decenas de chicos juegan al fútbol en Jacobacci

La iniciativa nació en redes sociales y terminó dando vida a una asociación civil que busca seguir creciendo.

Lo que durante años fue un terreno abandonado, cubierto de basura y malezas, hoy se convirtió en uno de los espacios de encuentro más importantes de Ingeniero Jacobacci. Gracias al esfuerzo de un grupo de vecinos, un sector lindero a las vías del tren fue recuperado y transformado en una plaza, tres canchas de fútbol y un espacio recreativo que beneficia a decenas de niños y jóvenes de la localidad.

La iniciativa nació a partir de una convocatoria realizada en redes sociales con el objetivo de recuperar varios baldíos ubicados en el barrio Estadio Municipal, sobre terrenos pertenecientes al ferrocarril.

“Todo comenzó con una publicación en redes sociales para recuperar baldíos adyacentes a las vías férreas en el barrio Estadio Municipal. La idea de hacer algo lindo prendió con rapidez y un grupo de vecinos nos pusimos manos a la obra”, recordó Darío Finneegan, efectivo policial y uno de los principales impulsores del proyecto.

El trabajo comunitario permitió crear una plaza, acondicionar tres canchas de fútbol y recuperar un antiguo vagón de trocha angosta de 1912, cedido por la empresa Tren Patagónico, que hoy funciona como espacio recreativo.

Tanto la plaza como el vagón fueron bautizados en homenaje a dos vecinos que dejaron una profunda huella en la comunidad: Don Cano y Mario Sebastián Carballo, reconocido locutor de la región.

La transformación fue posible gracias al trabajo conjunto de vecinos, instituciones y el acompañamiento del municipio, que colaboró con la iluminación del predio.

La escuelita de fútbol encontró su lugar

Uno de los principales beneficiarios del proyecto es la escuela de fútbol local, que desde marzo comenzó a utilizar el predio para desarrollar sus actividades al aire libre cuando las condiciones climáticas lo permiten.

Antes de contar con este espacio, los entrenamientos se realizaban en instalaciones cerradas cedidas por el municipio para resguardarse de los duros inviernos de la Línea Sur.

“Los entrenamientos arrancaron en un predio cerrado que cedió el municipio debido a las inclemencias climáticas y a los inviernos tan fríos. Después, los chicos tomaban la merienda en un salón de la casa de mi mamá -que en paz descanse- que mi hermana cedió para hacer el merendero. Ocurre que las madres suelen armar termitos para ofrecerle algo de tomar a los chicos”, contó Finneegan.

Para acondicionar el lugar, los vecinos realizaron tareas de limpieza con maquinaria, plantaron árboles para generar sombra en el futuro, instalaron arcos y cercaron las canchas con alambre para evitar que las pelotas terminaran en la calle.

“Esos baldíos nunca se usaron para nada. Solo había tránsito vehicular. Con esta propuesta, muchos chicos que nunca habían practicado el deporte se acercaron interesados. En esta época, practican en espacios cerrados, esperando que pase el invierno para poder volver al predio”, agregó.

El sueño de seguir creciendo

El crecimiento del proyecto dio un nuevo paso hace apenas un mes, cuando la escuela obtuvo la personería jurídica y quedó formalmente constituida como la asociación civil “El Barrio”.

La nueva figura legal permitirá gestionar recursos, acceder a programas de apoyo y avanzar hacia objetivos más ambiciosos. “Así podremos gestionar ayuda. Soñamos con tener nuestra propia sede”, señaló Finneegan.

Por su parte, Choilaf, uno de los referentes de la iniciativa, destacó que el objetivo va mucho más allá de lo deportivo.

“Espero que los chicos puedan competir en otras localidades, de hecho, ya tenemos varias competencias en carpeta. La idea es trabajar para que puedan crecer, conocer y no sé si el día de mañana irán a ser futbolistas, pero aspiro a que, al menos, puedan recorrer otras canchas y si Dios quiere, algún nene podrá probarse en AFA”, expresó.

Lo que comenzó como una simple publicación en redes sociales terminó convirtiéndose en un proyecto comunitario que recuperó un espacio abandonado y abrió nuevas oportunidades para decenas de niños y jóvenes de Ingeniero Jacobacci.

Fuente: Medios.

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