Especialistas de América Latina y Estados Unidos se reúnen en Buenos Aires para analizar nuevas estrategias destinadas a prevenir o retrasar el deterioro cognitivo y la demencia. El encuentro, impulsado por la Alzheimer’s Association, pone el foco en los resultados de investigaciones que estudiaron cómo la combinación de distintos hábitos puede contribuir a preservar la salud cerebral.
La cumbre comenzó este miércoles y continuará este jueves, con la participación de investigadores que trabajan en la aplicación de los resultados de estudios clínicos en consultorios, sistemas de salud y espacios comunitarios. Entre las investigaciones analizadas se encuentran LatAm-FINGERS, desarrollada en 11 países de América Latina, y U.S. POINTER, realizada en Estados Unidos.
La propuesta parte de cinco pilares vinculados con la prevención: mantener una alimentación saludable, realizar actividad física, estimular las capacidades cognitivas, controlar los factores de riesgo cardiovascular y sostener los vínculos sociales.

“La clave consiste en sostener el principio de la intervención sin ignorar las diferencias culturales y sociales”, explicó Lucía Crivelli, jefa de Neuropsicología de FLENI e investigadora principal de LatAm-FINGERS.
La importancia de estas estrategias está relacionada con el crecimiento de la población adulta mayor y con la presencia de factores de riesgo como hipertensión, diabetes, obesidad y sedentarismo. A estos elementos se suman las diferencias en el acceso a la educación y a la atención sanitaria que existen en distintos países de la región.
De acuerdo con los datos presentados durante la conferencia, hasta el 45% de los casos de demencia a nivel mundial podría prevenirse o retrasarse mediante modificaciones sobre factores de riesgo. En América Latina, la estimación alcanza el 54%, mientras que en Argentina llega al 60%.

Estas cifras no significan que todos los casos puedan evitarse mediante cambios en el estilo de vida, pero permiten dimensionar el impacto potencial de intervenir sobre factores modificables antes de que aparezcan síntomas que afecten la memoria, la autonomía y las actividades cotidianas.
El enfoque de los estudios analizados se diferencia de las investigaciones que evaluaron hábitos de manera aislada. En lugar de estudiar solamente los efectos de la actividad física, la alimentación o el control de la presión arterial, los trabajos recientes evaluaron qué ocurre cuando diferentes estrategias se aplican de manera conjunta y se mantienen en el tiempo.
En ese sentido, los especialistas plantean que la alimentación, el movimiento, la estimulación cognitiva, la prevención cardiovascular y la vida social forman parte de un mismo abordaje. La salud cerebral también está vinculada con factores como la circulación sanguínea, el sueño, la reserva cognitiva y el nivel de interacción social.

Uno de los principales estudios presentados en la cumbre es LatAm-FINGERS, el primer ensayo clínico aleatorizado y multicéntrico realizado en América Latina para evaluar una intervención multidominio destinada a prevenir el deterioro cognitivo.
La investigación incluyó a 1.065 personas de entre 60 y 77 años de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, México, Perú, República Dominicana y Uruguay.
Durante dos años, los participantes siguieron un programa basado en alimentación saludable, actividad física, control de factores de riesgo cardiovascular, entrenamiento cognitivo y socialización. El estudio recibió financiamiento de la Alzheimer’s Association y sus resultados fueron publicados en la revista científica The Lancet.

Los resultados mostraron una mejora de la cognición global entre quienes participaron de la intervención más sistemática. También se informó una mejora del 55% en áreas vinculadas con la memoria, la velocidad de procesamiento y las funciones ejecutivas, capacidades relacionadas con recordar información, planificar, tomar decisiones y resolver situaciones cotidianas.
Crivelli señaló que LatAm-FINGERS tomó como referencia las experiencias del estudio FINGER, desarrollado en Finlandia, y de U.S. POINTER, aunque el objetivo no fue trasladar esos modelos de manera directa a América Latina.
La investigación buscó adaptar las estrategias a las características culturales, económicas y sanitarias de cada país. Esto incluyó desde las propuestas alimentarias hasta la organización de las actividades físicas, cognitivas y de seguimiento médico.
“Esa adaptación atravesó desde los criterios de participación hasta las propuestas alimentarias y la forma de organizar las actividades. Una dieta saludable no luce igual en todos los territorios, ni las posibilidades de acceso a gimnasios, espacios verdes, talleres de memoria o controles médicos resultan idénticas”, explicó Crivelli.
La especialista destacó que el desafío consiste en mantener los componentes que demostraron beneficios y, al mismo tiempo, adaptarlos a las condiciones de cada comunidad. El objetivo de estas estrategias es intervenir sobre factores modificables antes de que el deterioro cognitivo avance y afecte la vida cotidiana.
Fuente: Medios








