Durante años se instaló la idea de que comer saludable depende principalmente de la fuerza de voluntad. Sin embargo, nuestras decisiones alimentarias están atravesadas por hábitos, costumbres familiares, publicidad y por el entorno en el que crecimos.
Desde la infancia incorporamos prácticas que muchas veces parecían normales: recibir golosinas como premio, celebrar con bebidas azucaradas, reemplazar el agua por gaseosas o considerar a las frutas y verduras como una obligación. Al mismo tiempo, el consumo cotidiano de productos ultraprocesados se fue incorporando a la alimentación familiar.

La publicidad también tuvo un papel importante en la construcción de esos hábitos. Durante años, los mensajes comerciales presentaron a los cereales azucarados como una alternativa adecuada para el desayuno, a los jugos industrializados como una opción similar a la fruta y a las galletitas como una colación práctica.
A esto se sumó un estilo de vida cada vez más acelerado. Las extensas jornadas laborales, la falta de tiempo para cocinar y la facilidad para acceder a alimentos listos para consumir hicieron que muchas veces lo rápido terminara desplazando a opciones más saludables.
Cambiar hábitos también implica desaprender
Por eso, cuando una persona decide modificar su alimentación, no enfrenta únicamente el desafío de cambiar lo que come. También debe revisar años de costumbres, creencias y mensajes incorporados desde la infancia.
La alimentación es un aprendizaje. Nadie nace sabiendo cómo alimentarse y, del mismo modo, los hábitos adquiridos pueden modificarse con el tiempo.

En ese proceso, el rol de los nutricionistas resulta fundamental. El objetivo no debería ser simplemente prohibir determinados alimentos o imponer dietas restrictivas, sino brindar herramientas para que cada persona pueda tomar decisiones informadas y sostenibles.
Educar en alimentación también significa aprender a cocinar, incorporar alimentos frescos, planificar las compras, leer las etiquetas de los productos y recuperar el valor de compartir las comidas.
El objetivo no es alcanzar una alimentación perfecta, sino construir hábitos que puedan mantenerse a largo plazo.
La importancia del entorno
Los cambios individuales, sin embargo, no son suficientes. Las familias, las escuelas, los lugares de trabajo, los comercios y las políticas públicas también tienen un papel determinante en la forma en que las personas se alimentan.
Cuando un entorno facilita el acceso a opciones saludables, aumenta la posibilidad de incorporarlas. Por el contrario, cuando los productos ultraprocesados están permanentemente disponibles y son más fáciles de consumir, modificar los hábitos se vuelve más difícil.

Por eso, la pregunta no debería ser únicamente por qué una persona come de determinada manera, sino también qué aprendió sobre alimentación y qué necesita desaprender.
Una mirada más allá de la culpa
Cambiar la alimentación también implica dejar de responsabilizar exclusivamente a las personas por sus elecciones. Durante décadas, determinados hábitos fueron promovidos y naturalizados en los hogares, las escuelas, los medios de comunicación y la publicidad.
Ese contexto contribuyó a problemas de salud vinculados con la alimentación, entre ellos la obesidad, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y otras enfermedades crónicas.
La alimentación no es solamente una cuestión de calorías o nutrientes. También está relacionada con la educación, la cultura, los vínculos y el bienestar.

En el Día del Nutricionista, que se celebra cada 11 de agosto en Argentina y en distintos países de Latinoamérica, la invitación es a cambiar la mirada: en lugar de preguntarnos solamente “¿por qué la gente come mal?”, pensar “¿qué aprendimos sobre la alimentación y qué necesitamos desaprender?”.
La fecha recuerda el nacimiento de Pedro Escudero, médico argentino considerado uno de los pioneros de la nutrición en América Latina y fundador del primer instituto dedicado a esta especialidad.

Porque nadie nace sabiendo comer. Los hábitos se aprenden y, afortunadamente, también pueden cambiarse.
Fuente: Medios


