Hay una pregunta que decide si un ciclo energético sobrevive políticamente, y no se responde en las expos ni en las giras por Europa. Es más simple y más incómoda: qué pasa adentro. Una provincia puede firmar todos los RIGI del mundo y exportar gas licuado a media Europa, pero si el vecino sigue sin terreno donde construir y hay parajes de la alta cordillera quemando leña en pleno julio, el acuerdo tácito que sostiene cualquier boom empieza a crujir. Esta semana Neuquén se ocupó exactamente de esos dos frentes, y conviene leerlos juntos.
El primero fue la adjudicación de 2.220 lotes en la capital, repartidos en tres desarrollos: 900 en Distrito 6, 1.130 en el Balcón Norpatagónico y 190 en El Trébol. En Distrito 6 las obras están casi terminadas y los terrenos ya cuentan con todos los servicios, con posesión prevista para febrero de 2027. En los otros dos avanzan el movimiento de suelo y la infraestructura. La asignación de manzana y lote se hará por sorteo ante escribano público, y habrá visitas periódicas para que cada familia siga el avance de su barrio. Pero el eslabón decisivo es el que suele faltar en este tipo de políticas: una vez entregado el lote y hecha la mensura, la provincia ofrece un préstamo no bancario, casi sin interés, para levantar la casa. Un terreno sin crédito es un papel; un crédito sin terreno es una cola de banco. La secuencia completa —suelo urbanizado, escritura, financiamiento accesible— es lo que transforma una adjudicación en una vivienda.
Mariano Gaido aportó, casi al pasar, el dato que mejor mide el acierto de toda la política de suelo: hace siete años que en la capital no se registra la toma de un metro cuadrado de tierra, pública o privada. En una ciudad que crece al ritmo de una provincia que recibe treinta mil habitantes nuevos por año, esa estadística no es casualidad ni buena suerte. Cuando el Estado no planifica el suelo, el suelo se ocupa igual, solo que sin servicios, sin trazado y con un conflicto social garantizado a cinco años vista. Urbanizar antes de que el problema aparezca es más barato que regularizar después, y bastante más justo. Lo definió bien el intendente al hablar de lo que se entrega: “no una vivienda, el hogar”.
El segundo frente es más incómodo de admitir y por eso mismo tiene más mérito que se haya puesto sobre la mesa. Neuquén se prepara para vender GNL en Europa dentro de dos años y, al mismo tiempo, tiene localidades y parajes sin red de gas. El Plan Calor, presentado en Rincón de los Sauces, no resuelve esa paradoja con una promesa única sino con lo que el ministro Gustavo Medele llamó una escalera energética: leña en el escalón más bajo, con todos sus problemas de costo, transporte y almacenamiento; pellets, con la máquina de Junín de los Andes que arrancó la semana pasada y puede producir unas 6.000 toneladas al año aprovechando hasta las ramas caídas —“se convierte ahora en un insumo”, resumió—. Garrafones de medio metro cúbico y de un metro cúbico, capaces de abastecer una casa entera para cocinar, calefaccionar y tener agua caliente, con las primeras instalaciones esta misma semana y graneleros comprados para llegar a los parajes de acceso difícil. Después plantas de GLP, y en la cima, la red de gas natural. El realismo es la virtud del esquema: no promete lo mismo para todos, ofrece a cada lugar el escalón que puede sostener hoy, sin renunciar a subir.
Detrás hay obra y plata, financiada íntegramente con fondos provinciales. El gas natural ya llegó a Los Miches, Guañacos, Las Ovejas, Varvarco y Manzano Amargo, y eso liberó plantas de GLP que ahora se reubican en Moquehue, Chorriaca y Paso Aguerre: reutilizar infraestructura en lugar de comprarla dos veces es una decisión que explica por qué la inversión inicial, estimada en más de 100 millones de dólares, fue bajando. El sistema de gas cordillerano, de unos 90 millones junto a TGS y Camuzzi, suma loops y ramales hacia San Martín, Junín y Villa La Angostura, y de paso permitirá generar con gas parte de la electricidad angosturense. Para Rincón de los Sauces hay un paliativo y una solución: unos 170.000 metros cúbicos adicionales desde la zona del volcán en abril, y un gasoducto de 160 kilómetros por 130 millones de dólares como respuesta definitiva, más una línea de 132 kV para abaratar la electricidad. En Añelo, una planta ya inaugurada con capacidad para abastecer mil lotes, una segunda etapa en camino y un gasoducto desde Tratayén de unos 400.000 metros cúbicos diarios.
Puestas una al lado de la otra, las dos noticias son la misma política. La provincia que negocia con TotalEnergies y recibe empresarios alemanes es la misma que está decidiendo cómo le llega el calor a Chorriaca y dónde va a construir su casa una familia de la meseta. Eso no es asistencialismo ni distracción: es la condición de posibilidad de todo lo demás, porque ningún ciclo extractivo se sostiene mucho tiempo contra la mayoría de los que viven arriba del yacimiento. “Nosotros estamos pensando en las próximas generaciones”, dijo Figueroa en Rincón, y dos días después, en la capital, cerró con una frase que suena a eslogan pero esta vez tiene respaldo: nunca le digas a un neuquino que no se puede. Primero fue la factura de luz. Ahora, un lote y una estufa.










